¡Bienvenidos!

img-20160214-wa0003¡Cuántas cosas he pensado antes de crear este sitio! En difinitiva, lo he hecho. Quiero compartir con ustedes mi pasión y mi dedicación al estudio de la lingüística, la semántica y los problemas que dificultan el aprendizaje significativo de la lengua en el nivel medio.
Para mi es algo maravilloso que aquellos que acceden a este portal, puedan discentir con mis opiniones y discutirlas, aprender algo nuevo o, meramente, refrescar lo viejo; por eso “quid pro quo”: Escriban, discutan, comenten (intercambiemos).
A mis amigos de siempre, gracias por acompañarme en este nuevo camino; a los nuevos, espero no decepcionarlos.
Este es mi otro mundo: en el que todo es blanco y negro (los lectores me entenderán). Hoy, los invito a recorrerlo.

Saludos.

¿Propiedad intelectual? ¿De quién?

Debido a la queja, crítica, reclamo de algunos de mis lectores, de manera pública o privada, sobre la originalidad de mis esbozos, debo confesar, de buenas a primeras, que soy un escritor de ficción netamente invadido y perturbado por la basta antología literaria que mora en mis pensamientos. Esto hace que yo (enunciación enunciada neta) sea todos los autores al mismo tiempo y, mis obras, reflejo de estos.
Ahora bien, esta situación no es casual ni particular: así son las cosas muchachos.
Borges plagió a Hernández, Chesterton a Hemingway, Cortázar a Poe y sarasasasa….
Mi gran amigo Gérard Genette cuando hablaba de “literatura en segundo grado”, explicaba desde su teoría de los “Palimpsestos” que un texto, de uno u otro modo, dejaba ver a otro. Desterraba el concepto de “originalidad”. Para clarificar digamos que Genette evidencia la premisa base de su teoría así: “todo lo que pone al texto en relación, manifiesta o secreta, con otros textos”, sin embargo, Gerardo le estaba currando la idea paradigmática, pero inconclusa, a Julia Kristeva que, allá por 1967, había acuñado sin mucho eco por ser mujer en una época dispar entre estructuralistas que se juntaban a tomar vodka de traje y corbata.
A resumidas cuentas, hago ficción y ella es una ensaladera (como la Davis) de miles de escritos y, por más originales que los consideren (muchos se esfuerzan), recuerden que algo me estoy transfiriendo de otros.
Sean Relatos, Ensayos, Críticas literarias, sarasasasa: dialogan con otros miles, consciente o inconscientemente. Los espacios en blanco o los fenómenos transtextuales jamás se los develaré. Sería como un mago que al final de la obra, expusiese sus secretos. Perdón, no puedo hacerlo. Entonces a leer mucho y a cruzar textos. Después de todo, a mí me llevó 3 años darme cuenta cómo dialogaban decenas de autores. Salud.

EDITORIAL – Maaarche una ginebra y apostale $5000 al nº12 (el ocaso del kirchnerismo)

Quien hubiese imaginado que el yelmo kirchnerista para la liberación latinoamericana iba a terminar en esta desgarradora resistencia en defensa de las carreras de galgos y que ahora no pueden ganar ni una votación legislativa para garantizar la fuente de trabajo de unos simples cuidadores de galgos.
El alegato final de Diana Conti -maaaaaarche una ginebra- en contra de la prohibición de las carreras caninas, quedará en la historia de la oratoria parlamentaria, dijo:”Los galgos no están instalados en la cultura de ustedes los porteñitos que miran TN –oooops-… está instalado en la cultura popular!!!” Dicho esto, perdió 132 a 17. Memorable.
Ojo, que esta interna no fue fácil. Kicillof votó en contra de las carreras de galgos, Máximo se abstuvo y Kunkel, Conti, Di Tullio y 14 más, defendieron las carreras y toda la joda clandestina que hay detrás de eso
Un par de días antes, el mismo grupo liderado por Larroque, Recalde y otros estrategas para la victoria, presentaron un proyecto de ley para que el 15 de noviembre sea declarado “Día Nacional de la Mentira” al cumplirse un año del debate presidencial entre el Compañero Mauri y el Compañero Lancha. Le juro amigo lector que todo esto es verdad. En el Artículo 1, el proyecto de ley dice textualmente: “Institúyese el día 15 de Noviembre de cada año como el Día Nacional de la Mentira en conmemoración al primer debate presidencial transmitido en vivo, en el programa Argentina Debate”. Así como se lo transcribo pero sin el acento en la ú de “institúyese” porque se ve que en el apuro revolucionario, se lo morfaron. Posta.
Lo que estos toscos no dicen es que en realidad no fue el primer debate como expresa el texto original, sino el segundo. Al primero no fueron.
Para rematar la semana, el viernes hubo una marcha convocada por la CGT y varias organizaciones sociales en apoyo al proyecto de Ley de Emergencia Social.
La Cámpora no fue y emitió un comunicado explicando que “……………..”. Hicieron bien. ¿Cómo hacen para estar en una marcha reclamando por trabajo unos tipos que en 12 años no pudieron poner en blanco un sólo trabajador en negro?
Además, uno de los tres jefes de la CGT, Juan Carlos Schmid, dijo en su discurso que “la clase trabajadora no fuga capitales ni revolea bolsos con millones”. Menos mal que Máximo, De Vido y compañía se quedaron en casa.
Desde el kirchnerismo, cuyos principales dirigentes, insisto, no participaron de la marcha por recomendación médica, explicaron que de todos modos apoyarán el proyecto con las dos manos. Además aclararon que van a proponer que la iniciativa se financie gravando la renta financiera y el juego, cosa que dicha por cualquier sector político suena razonable, pero dicho por los amigos y socios de La Rosadita y Cristóbal López parece una joda grande como el Madero Center.
Cierro esta idea con una cita histórica: “Garantizar trabajo a cada obrero sería tan impracticable como asegurar a todo vendedor un comprador, a todo abogado un cliente, a todo médico un enfermo, a todo cómico, aunque fuese detestable, un auditorio”. Esgrimida por Juan Bautista Alberdi que, entre otras pavadas, redactó la Constitución Nacional en 1853. Constitución con acento en la ó.

De fantoche y carmesí

Ayer miraba el noticiero y, al escuchar a los tres perejiles intentando dar un seminario sobre “el enemigo”, el daño que “el de bigotito” (el apelativo no es casual en el contexto de enunciación) y bla, bla, bla…. no podía dejar de mirar, también, con mucha tristeza, un puñado (sí, un puñado) de “almas en pena” -perdoname Carpentier-, arengando a los oradores con la impronta de “cristina -sí, en minúsculas, volvé”.
Al parecer, estos pibes, los chorros (hombres y mujeres) que vaciaron el país, aún no se han dado cuenta que “la mitad mas uno -ojo que soy de River-, en un acto democrático, dijo BASTA.
A pesar de ello, tratan de hacernos creer que el país fue gobernado por mas de 10 años por la ¿izquierda? y ahora es gobernado por la ¿derecha?.
Digamos que la resistencia kirchnerista comandada por Máximo, D’Elía, Boudou y Esteche “ha salido a la calle a enfrentar y terminar con este gobierno de derecha y sus lacayos imperialistas.” -la frase no es mía-; parecen apurados, no sea cosa que cuando caiga la dictadura del “de bigote”, los kumpas no puedan asumir porque estén todos presos.
Pero, ¿Realmente nos gobernó la izquierda?, si esto es cierto, quiere decir que después de diez años en los que llovieron los dólares de punta, el pueblo argentino puede acceder a tener luz, agua o gas, siempre y cuando el Estado se los regale. “Eso es lo que en el diccionario de la izquierda kirchnerista se define como “la década ganada”. Dícese también del período en el cual los ricos en general y los bancos en particular ganaron más guita que nunca. La frase tiene otras acepciones relacionadas con los conventos y las Islas Seychelles, pero no vienen al caso.” (sic). Zamora y Altamira me correrían a patadas desde el obelisco hasta el abasto….mínimo…
¿ Y de garparle a los chicos del Club de París, sólo un par de meses antes, más de 9.000 palos verdes sin chistar?…¿qué me decis Kumpa?
¿Y que la izquierda kirchnerista arrebate contra Euge -tiene cara de piba buena- cuando se pasó la década ganada homenajeando a los pibes asesinados por reclamar el boleto estudiantil en la trágica noche de los lápices, mientras les cobró religiosamente el bondi durante 12 años, pero hoy, gracias a Vidal viajan gratis?; mejor, ni hablar….
Kumpa, te invito al silencio y date cuenta que la fiesta terminó y tooooooooodos, lamentablemente, tenemos que garpaaaaaaaaarla….¿entendés?

Escribir por escribir: pensando siempre. Programación NeuroLingüística en términos no explorados.

Sin contradecir a Broca y Wernicke, pilares de la neurolingüística, en cuanto a sus paradigmáticos descubrimientos, debemos enfocarnos hoy en la Programación NeuroLingüística (P. N .L).
Digamos que a través de herramientas muy sencillas que se adquieren por la observación del interlocutor –cómo está sentado, parado o cómo respira- podemos conocer cuál es su modo de procesar la información. Hay personas que tienen una mayor preferencia a procesar y guardar lo que perciben por el sentido de la vista; otras privilegian el sentido del oído y otras lo que perciben por el conjunto de los otros tres sentidos. De esta manera, podemos calibrar a nuestro interlocutor, flexibilizarlo y enviarle en esos códigos mentales la información que queremos que le llegue para ser más efectivos en la comunicación.
Sin embargo, a pesar de estar convencido de esto por mi lectura individual y su posterior práctica, he llegado a la conclusión que hay interlocutores que procesan la información por otros órganos “aún no explorados”, por ejemplo: el intestino. Es decir, por mas que te esmeres “solo los mas versados” en programar un mecanismo de comunicación, ellos, lo diluyen en la materia fecal y su cerebro recibe erróneamente el mensaje. También tienen pensamientos “olorosos” y sus reflexiones duran, lo que dura defecar.
Moraleja: no desperdicies tu conocimiento con adultos que tienen este trastorno, pues, puedes sentirte sucio en la dialéctica.

La perfidia de un amor…

Con la misma lógica del Universo, de a poquito pero sin pausa, el país va entrando en una nueva era.
Mientras De Vido trata de demostrar que no tuvo nada que ver con el choreo en la obra pública ni con la destrucción energética, la Vía Láctea sigue expandiéndose en el Cosmos como si nada.
Mientras Aníbal Fernández sigue discutiendo con cada narcotraficante que agarran y nos quiere convencer de que no sabe cómo fue que los carteles de la droga se instalaron en el país, el sistema solar sigue moviéndose cómodamente a través la galaxia.
Mientras Kristi nos explica que no tuvo nada que ver con esas cosas y muchísimo menos con el accidente doméstico que sufrió el fiscal Nisman en el baño, el planeta Tierra sigue girando alrededor del Sol como lo viene haciendo hace 4.500 millones de años.
De nada nos sirve seguir añorando aquel feliz malentendido llamado “década ganada” que anunció haber bajado la pobreza al 4%, cuando la cruda realidad nos muestra que, tras diez años de la mayor bonanza regional de la historia, el 50% de los hogares argentinos gana menos de 11.500 pesos . Por mucho que lo intenten, no hay manera de endosarle este caramelito al gobierno de Macri.
¿En que estuvimos hasta ahora? Ni más ni menos que en tratar de salir de aquel zafarrancho y de ver si la cuenta la pagamos entre todos o la paga el mismo 50% de siempre.
Mirado desde el espacio y salvando el quilombito de las tarifas, el gobierno parece estar haciendo bastante bien aquellas cosas que, más o menos, todos coincidían en que debían hacerse(para más información, llamar a Bein, Blejer y todo el equipo que venía con el dúo Scioli/Zannini).
La oposición, salvo alguna que otra escaramuza de esta semana, acompañó razonablemente. Desde Pichetto a Stolbizer y de Massa a los gobernadores e intendentes del PJ, todos se han portado como si la democracia les hubiera encantado siempre (bocadillo que excluye a Margarita, obviamente). De los sindicatos ni hablemos. Parecen noruegos.
Finalmente, el pueblo se la banca y no le queda más remedio que ajustarse el cinturón, mantener derechos los asientos y bancarse la maniobra de despegue de la herencia.

Estaría faltando que la burguesía nacional rompa el chanchito y haga la apuesta que el momento reclama. El famoso “les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” de Juan Carlos Pugliese en el final del gobierno de Alfonsín no aplica en estos tiempos. Aquel radicalismo ya se iba, este Cambiemos recién llega.
Sin embargo, por ahora la prioridad del peronismo y del sindicalismo es sacarse de encima al kirchnerismo.
La gran duda es saber si la reactivación de país llegará antes de que el peronismo termine de hundir a los K, se acomode, vire rápidamente su flota imperial unificada, y empiece a bombardear al gobierno. Reactivación macrista o unificación peronista es la cuestión. El que llega primero gana.
De ahí el apuro por lanzar la nueva renovación peronista cuya primera función se representó esta semana. Digamos que arriba del escenario, el elenco daba raro.
Al menos esto es lo que expresan en los medios las distintas voces del peronismo. Desde Massa a Urtubey, pasando por Insaurralde, Bossio, Facundo Moyano, Graciela Camaño, Felipe Solá, Marangoni, la Intendenta de La Matanza o los trillizos Pignanelli (está confirmado que son trillizos, de otra manera no se explica como hace el tipo para estar en todos los programas al mismo tiempo).

A resumidas cuentas, dejemos que los planetas logren alinearse y, si se produce algún eclipse, que esconda a los impresentables de siempre.

Forma o sustancia

Recuerden: la lengua es forma, no es sustancia.

Tesis sobre un boludo

Te mirás en el espejo y pensás: ¿seré un boludo? o, simplemente te repasas (en tu rutina) y volvés al mismo interrogante. La respuesta es tuya o, en su defecto, de lo que representás (por tu identidad y entidad) ante los demás (es de los otros): ¿te importa? hay solo dos caminos; no hay lugar para dudas en esto.
Los objetos, por ejemplo, se definen por sus características que lo hacen único ante otros similares o disímiles y que, en cierta medida, lo identifican con cierta “esencia”. Esencia, querido lector, sería un conjunto de cualidades o características que posee “x” y lo logran como tal o cual.
Retomando las ideas de mi querido Ferdinand, el significado, el objeto, la cosa (representado en el mundo de las ideas) es indivisible a la subjetividad mas que por algunas diferencias culturales que no afectan su “esencia”. Así, llegamos a la conclusión (rápida porque esto no es para legos) que todo y todos tenemos una esencia que nos identifica ante el mundo de lo real. Como una mesa o una silla poseen una esencia, el boludo también la tiene.
La esencia del boludo
Lisa y llanamente “el boludo” no asume que lo es, o no se da cuenta de su condición. Sin embargo podemos reconocerlo por algunas características intrínsecas:
– Es torpe: aunque se esmere, termina demostrando su ineptitud.
– No tiene pensamiento crítico: en mayor medida, le cuesta forjar una opinión individual sustentable sobre un fulano o una tema en particular, es decir, se asocia al pensamiento colectivo pero, sin entender, sus razones.
– No es lector: mira mucha tele, es fanático de las redes sociales, pero no comprende la diferencia entre “suspender” o “apagar” su pc.
-Le gusta el mundo ajeno y la ostentación: sabe de sus limitaciones pero, conoce a los personajes de la farándula y su estilo de de vida, se adentra en el mundo de la moda (aunque sus saldos le alcancen para la “boutique del barrio” o las heridas de su tarjeta de crédito), prefiere un camisa de 800 que dos de 400, no le molestas deber su sueldo a fin de aparentar, compra todas las ofertas de electrodomésticos en 12 cuotas con el latiguillo “pago 250 por mes…una ganga..”, etc.
-Es peligroso: el boludo, erróneamente se lo asocia, con alguien “sano -leáse sin malas intenciones” pero, debido a los esbozado ut-supra, no tiene dimensión de sus acciones.
Salvedad: no todas las características tienen que estar presentes en el boludo, puede que todas estén presentes o, algunas de ellas porque, sepamos que hay diferentes tipos de boludos.
 
Tipos de boludos
El clásico, el que cumple con las características ya mencionadas.
El resignado: sabe que es un exponente pero no sabe cómo remediarlo.
El luchador: pelea día a día para ser menos boludo.
El mala leche: la nube que lo rodea lo sofoca; es fácil de manejar, de manipular, es una fuerza de choque para las mentes mas potentes, es un vehículo de ideas o proyectos de terceros (este es el mas peligroso de todos los boludos).
El banana: se cree piola dentro de su Matrix (es inofensivo).
Para concluir, estamos rodeados de boludos y es muy fácil reconocerlos hasta por el modo que caminan. A estar atentos y a salvar a la mayor cantidad de boludos posible.
_versión no corregida_Ficciones de Oort_Mariano Ramos_2016

El mundo, la muerte y Heidegger

Con toda probabilidad  las personas que integran el mundo se han preguntado alguna vez por la razón de estar aquí, se han preguntado por el propósito de la vida, el propósito de la existencia en este mundo.

Martin Heidegger (1889-1976) cuando analizó la esencia del existir se dirigió expresamente al concepto unívoco de estar en el mundo aludiendo  en este sentido que las determinaciones del ser, del existir, tienen que verse y comprenderse sobre la base de lo que se llama el estar en el mundo que es un fenómeno unitario y, por tanto, no ha de tomarse como una composición de los conceptos mentados por su expresión. Uno de los modos posibles –decía- de tratar con las cosas es conocerlas; pero todos suponen esa previa y radical situación del existir, constitutiva de él, que es el estar desde luego en algo que se llama primariamente mundo. Para el filósofo alemán “estar en el mundo” (In-der-Welt-sein) solo puede hacerse de forma plena y comprensiva desde un punto de vista fenomenológico del concepto del mundo. De momento, mundo, no son las cosas (árboles, hombres, montañas…) que hay dentro del mundo y que son intramundanas (innerweltlich). Desde ese punto de vista, la naturaleza, tampoco sería el mundo, sino un ente que encontramos dentro del mundo, como son también las emociones, los sentimientos, son entes en diversos grados y formas que pertenecen al mundo. Ni siquiera la interpretación ontológica del ser de estos entes se refiere al fenómeno mundo, que está ya supuesto en estas vías de acceso al ser objetivo. Mundo por tanto para Heidegger representa ontológicamente un carácter del existir mismo. No podemos a penas resumir aquí todas las ideas del filósofo alemán, es obvio, pero sí al menos recordar algún concepto como este de la existencia en su relación con el mundo. La “esencia” del existir consistiría en su existencia, porque el existir implica siempre el pronombre personal, yo soy, tu eres, y de ahí desglosamos que el existir es esencialmente su posibilidad; por esto puede elegirse, ganarse o perderse y por esto le pertenecen dos modos claros y definitivos de ser: autenticidad o inautenticidad.

En las distintas etapas por las que atraviesa el ser, muchas veces nos planteamos esta dicotomía y con ello a medida que pasa el tiempo y que alcanzamos una edad, con mayor motivo nos planteamos estas preguntas yo quiero ¿ser del mundo, estar en el mundo o vivir en el mundo? No es fácil dilucidar estas proposiciones, pues si bien la función verbal que las diferencias y que en otras lenguas sería intraducible, en español impone a estas frases un fuerte concepto filosófico y religioso. Probablemente la mayoría de los seres lo que queremos es vivir en el mundo, entendiendo este como un lugar de existir, es solo existencia porque relacionamos vivir y mundo, existir y mundo aunque por desgracia sabemos que esto no siempre es verdad. Hay muchos seres que están en el mundo pero no viven en él, hay muchos seres que son del mundo pero no viven en el mundo, por ello el concepto activo de vida, de vivir intrínsecamente relacionado con el de existir y mundo deberían de estar siempre unidos para que nadie se sienta en los otros dos rincones (ser y estar en el mundo) que tanta angustia y desolación producen en el ser humano.

Pero y volviendo a la filosofía de Heidegger la muerte aparece como el otro vértice del estar en el mundo, el otro lado, es el otro punto importante del que evidentemente ya no hay retorno. El existir es siempre algo inacabado, por eso nos produce angustia, la angustia nos la produce la nada,  pero también nos produce horror y angustia precisamente el dejar de ser. Cabe, en cierto sentido, una experiencia de la muerte del prójimo. En este caso, la totalidad que el prójimo alcanza en la muerte es un ya no existo, en el sentido más absoluto de ya no estoy en el mundo. La muerte hace aparecer el cadáver; el fin del ente propio de cada cual. Los seres vivimos unos en otros, cuando un ser muy querido fallece y si ha sido muy amado, no muere, solo desaparece su cuerpo, su persona, su alma se queda con nosotros en multitud de acciones, de movimientos, de actos, de expresiones. El ser no se va, intuyo, sé, que los espíritus desde el otro lado trabajan para que no suframos los que nos quedamos aquí, trabajan para ayudar, y si hacemos lo correcto podemos sentir su influjo. Sabemos que siguen existiendo en nuestra alma, lo sabemos y lo sentimos si dejamos que esta corriente actúe y cada día podemos dejar actuar su acción absoluta sobre nuestra vida hasporal de un tiempo que tenemos, que corresponde aquí a la tierra y en la que debemos hacer el esfuerzo de entender la temporalidad global  de los diversos ciclos que tenemos que cumplir. La muerte deja que sigamos siendo para los demás aunque ya no estemos en el mundo.ta que llegue el momento de volver a reencontrarse. La muerte es solo una separación temporal de un tiempo que tenemos, que corresponde aquí a la tierra y en la que debemos hacer el esfuerzo de entender la temporalidad global  de los diversos ciclos que tenemos que cumplir. La muerte deja que sigamos siendo para los demás aunque ya no estemos en el mundo.

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Habitación 615

habitacion 615                                               “…por supuesto, el azar es un eje que, transversalmente, nos coloca y somete frente al mundo…”

Eric C. Schwarzman

            Lo que intento contarle es algo que aún no deja de desvelar mis noches.  Es técnicamente imposible referir estos hechos, sin un velo de subjetividad pero, crea usted en la veracidad de ellos.

No soy cronistapero, intentaré ordenar y ensamblar en este papel, aquella mañana de junio; algún político dijo algún día que la única verdad es la realidad, sin embargo, confronto con él y acompaño la tesis del profesor Perelman y Lucien Titeca, al afirmar que las  verdades son aserciones no opinables. Entiendo que  la realidad puede ser reinterpretada e incluso desdibujada por los hombres, en cambio, decir “fumar te mata” trasciende la realidad porque no es un presente, ni un futuro y ni siquiera un condicional: es un afirmación “una verdad” que ninguno podría refutarla sin ser considerado un energúmeno. Así las cosas, “la verdad”.

 

***

  • Julián.
  • Che, Julián –le volvió a insistir-
  • Uh…Perdoname, estaba revisando las tareas de la tarde y me quedé colgado…. decime…
  • No hay drama. Me dijo López que te mandara al bajo; a lo de Funes, se ve que tiene que darte un paquete por lo que entendí.
  • López me tiene los huevos al plato; se piensa que soy un cadete el muy forro.
  • Y bueno, Julian, pero es el tercero
  • Sí, ya sé.
  • Me tomo un cortado en el comedor y voy a ver al viejo

***

 

  • Entedeme, la mano viene jodida.
  • Pero ¿por qué?.
  • Porque alguno de los dos boludos se va a mandar una cagada.
  • Pero ya saben cómo son las cosas…-sobrándolo-
  • ¿Entendés que estamos agarrados de los huevos de dos pelotudos?
  • Nos borramos por un tiempo…por las dudas…
  • ¿Con eso alcanza?
  • Sí. Por si salta la ficha… ya que no le tenés confianza a los nuevos.
  • Vemos….

 

***

  • ¿Cuál es el menú del mediodía, Tere?
  • Milanesas a la Napolitana con puré mixto –pensó en lo bueno que era trabajar aquí-
  • Bárbaro…da gusto volver al trabajo con ese premio…nos vemos luego…
  • Chau, Julián

 

En ese momento pensé la buena decisión que había tomado al cambiar de trabajo: acá tenía comedor y viáticos incluidos, casi, por la misma plata. Además, una vez al mes, por presentismo, me daban un Voucher para el local de Yves Saint Laurent del Alto Palermo. No me preocupaba  por la pilcha, el bondi ni el almuerzo.

Al instante me apuró la urgencia: ir a lo de Funes. Esa idea me puso en contexto rápidamente. Bajé por corrientes. Tenía unas cuadras largas desde Callao hasta lo del  viejo: me tomé la diligencia como un paseo.

Al cruzar 9 de Julio y, calculando mi lugar dentro de la ratonera pude observarlo –al tipo-, tirar una llave intencionalmente –hasta ese momento no tenía idea de nada-. La levanté del piso. Colgaba de la argolla junto al  resto de un llavero que no decía nada –por su extensión-. Era una llave doble paleta, obviamente de una puerta, pero mucho más sofisticada que la de mi casa ¿Qué puerta abriría?  ¿Qué habría detrás de ella? ¿Por qué alguien arrojaría la llave de su departamento o casa?…. decenas de preguntas me invadieron….hasta que llegué a un número de explicaciones normales o esperables: la llave no era de una casa –tienen más de una puerta-; era de un departamento y no precisamente del tipo y, por alguna razón tenía la llave de otro y, que  la cual por juicios  ajenos  a mi conocimiento –hasta entonces-, ya no quería poseerla. Las causas podían ser varias. Dudé pero me decidí. Caminé en sentido inverso para encontrarme con la magia: “el resto del llavero”, para que me diera un indicio, un dato de la incógnita.

No quiero alterar los hechos porque no los recuerdo claramente, pero creo haber caminado escudriñando las calles por más de tres horas. Estuve a punto de darme por vencido, pero el azar, estuvo de mi lado.

Pegado al cordón, a metros de Libertad, estaba una especie de acrílico blando de color verde con letras dorada: era el llavero. La falta de la orejita que engancha y la presencia de ésta en mi llavero, me señalaba el hallazgo de la pieza de rompecabezas.

Decia: “Hotel Faena, Puerto Madero, Habitación 615”

Estaba todo resuelto –al menos una parte-, tenía el dato preciso, sabía qué puerta abría la llave, sabía dónde estaba pero, desconocía  quién era el tipo que la arrojó y qué habría en el interior del cuarto.

No lo dudé. Comencé a caminar hacia el lugar. Durante el viaje llamé a la oficina y pedí hablar con mi compañero. Le comenté que iba a demorar un rato por un trámite personal: él me cubriría.

Tarde unos 25 minutos en llegar al hotel. Ya en la esquina comencé a pensar como entrar y llegar a la habitación. Pensé cómo orientarme sin parecer desorientado. Si lo que quería era no levantar sospechas, no podía preguntar en la administración: “disculpe…cómo llego a la habitación 615”. No. Esto no iba a funcionar.

En segundos se me reveló el acertijo: miré el edificio y sólo tenía 8 pisos, es decir, no podía albergar 615 habitaciones pero, supuse, que era la 15 del 6º piso. Me convencí de esto. El tema era como llegar al ascensor sin que me lo impidan. Lo resolví asi:

Entré al hotel y un tipo trajeado de seguridad intentó acercarse. Para intimidarlo lo miré de despectivamente y le negué la palabra con solo rotar la cara. Acto seguido, caminé decidido a la administración. La chica me miró con cara de “en qué puedo ayudarlo” –como si fuese un vendedor-, le dije con voz suave pero firme sin siquiera mirarla:

 

  • Me recordás el número del bar, así pido servicio de habitación, querida
  • 017, Señor
  • No hay por qué –me dijo irónicamente-

 

Caminé hasta al ascensor y subí hasta el 6º, busqué la habitación y di con ella. Presenté la llave, la giré y la puerta se abrió.

Ese giro –el de la llave- cambió el rumbo de mi vida en dos direcciones. Les aseguro que cada noche, vuelvo a meditar por qué se encontró conmigo (o yo con ella).

Entré a la habitación y cerré la puerta de inmediato. A priori, me di cuenta que estaba solo. La música funcional sonaba despacio. Se escuchaba una canilla abierta,  (contemplé irme) sin embargo, comencé a caminar sigilosamente. Busqué la cocina pero los grifos estaban cerrados. Escuché pasos desde el pasillo pero seguí decidido para develar el misterio. Entré al baño y tuve que tapar mi boca para obligarme a callar. Entre el bidet y el sanitario, había un hombre ya muerto, ya libre de alguna culpa, con un tiro en la sien. Al costado de su mano derecha, una pistola 9mm trabada. Es decir, sin balas. Lo que suponía que el flagelo lo realizó con una sola bala en la recamara ya que el cargador estaba vacío a centímetros. Dos preguntas: ¿Quién necesita un arma en ese hotel?; ¿Quién tiene un arma con una sola bala?

No sé si el Padre Brown hizo mella en mi psiquis. Pero deduje que el sujeto fue obligado a suicidarse. Lo pensé así: alguien conocido entró (el que tiró la llave), le dio el arma con una sola bala, la montó y lo convenció que era mejor que él mismo se matase a que otro lo hiciera y, así lo concretó.

Retrocedí y marché hacia el cuarto. Estaba todo revuelto, desordenado. Daba la impresión que el que le dio el arma, buscaba algo. Buscó por vista, en todo lugar pero, no revisó un cuadro del pasillo. Estaba recién colocado ya que ni un vestigio de polvo lo rodeaba por donde sea (muy raro). Lo descolgué y detrás uno de los misterios: una caja fuerte. Me volví a hacer dos preguntas ¿qué habría dentro y cuál sería el código? Miré el cuadro atentamente y lo firmaba un tal López Arriaga con fecha, 15/11/05. Rápidamente supuse que alguien que habita una suite transitoriamente necesita una clave fácil de recordar (máxime si coloca un cuadro nuevo) y qué mejor que la fecha de firma de la pintura qué él mismo había colgado (pensé). Pulse 151105 y me encontré con una suma de dólares qué aún no me animé a contar. La guardé en un morral muy elegante que posaba sobre el sofá (que luego quemé). Como en las películas o en mis cuentos leídos, me hice de una franela y limpié cada cosa que había tocado.

Salí de la habitación, bajé por el ascensor y sentí el aire fresco al cruzar la puerta.

Llegué a mi casa luego del trabajo y desde ese día, como todos los días, voy a mi trabajo, al club, al cine y a los bares con las mismas personas (algunas nuevas).

Hay dos diferencias con la vida que llevaba antes de aquel suceso: cada mes saco (sin mirar), un billete de entre los fajos para darme algunos lujos y he vuelto a releer a Hemingway y a Chesterton, con una copa de Champaña.

Quiero aclarar que para mitigar o justificar mi suerte errante, la misma suma que gasto, la dono a la parroquia del Padre Ignacio.

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Del piropo

¿Para qué y por qué piropeamos?

En primer lugar, aquellas (las mujeres) que viven en otros países o que han recorrido diversos suelos, reconocen llanamente que este fenómeno es muy “argentino”; parece que los muchachos de Europa, por ejemplo, no tienen por costumbre lanzar esos halagos que no siempre, son del agrado de las señoritas (o señoras en el peor de los casos). Entonces, esta es una peculiaridad que nos distingue, aunque sea, sin honores, y que de cierto modo, nos identifica.
Podemos decir que el piropeador esgrime el piropo como si fuese un impulso desenfrenado; como si rendido ante la belleza de una mujer, nacieran una ganas locas, una verborragia de poner “en palabras” (y en esto seamos claros) un deseo, un anhelo, una euforia, etc.
Pero cuál es el fin de decirle a una bella mujer “…decime cómo te llamás y te pido para Reyes….” (éste me parece muy gracioso). Acaso el que lo dice presume que la mujer conmovida, desarmada por la ocurrencia y la simpatía; acaso seducida por el ingenio: se frenaría, encararía al fulano y le retrucaría “Ay! qué lindo que sos; te paso mi número, me llamás y a la noche salimos, ¿dale?”
Yo tengo para mí que el piropeador sabe que eso nunca va a suceder, de hecho, no lo concibe; sin siquiera mirar a la mujer, sabe que con suerte le devolverá el gesto con una sonrisa, porque al fin de cuentas, “piropear” puede concebirse como un halago y por ello, es factible esperar una recompensa por la osadía.
Sin embargo, muchos especialistas colocan al piropo en el plano de la agresión verbal, por la impronta y por la connotación sexual que lleva consigo. Muchas se sienten agredidas e invadidas antes este tipo de adulaciones y suelen reaccionar de mal modo, generando el rechazo absoluto por quien lo propine.
Entonces, antes de piropear, cerrá la boca y respirá profundo; no sea cosa que te ganes un sopapo y, nunca, pero nunca olvides que, Fierro tuvo que pelear y dar muerte a un fulano por una torpeza semejante.

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Conmigo

Siempre están conmigo

en mis raíces,

en mis principios.

Yo recorro el mundo,

y ellos conmigo.

 

Y si la tormenta ensombrece el cielo,

y si algún infierno desgarra los sueños,

y un río desbocado inunda por dentro,

 

siempre hay un refugio,

siempre hay un camino,

el que va a mis padres,

al hogar, al nido.

 

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Ser

Dejar atrás los miedos,

dejar atrás las culpas,

dejar ir “lo que no fue”,

dejar ir lo que ata el sentimiento,

dejar ir lo que impide el futuro.

Liberarte de cargas ajenas

y ordenar las propias.

Hilvanar un proyecto a futuro,

crearlo, sostenerlo, defenderlo,

hacerte amigo del tiempo,

amar, recibir y dar.

Abrir la puerta a la ternura,

animarte a más,

saber qué querés,

(y adónde ir para encontrarlo)

Nutrir la vida, entusiasmarte,

crecer, vivir, soñar,  liberarte y

ser vos mismo.

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Basta de barbarie

Digamos que cansado de escuchar por parte de los ciudadanos, como respuesta y supuesta solución a los graves problemas de inseguridad que transitamos, las ideas de: penas más duras, otras atemporales (hasta la muerte del individuo), la posibilidad de reducir de 18 a 16 años la edad mínima para poder juzgarlos criminalmente, e incluso, la pena de muerte; me han motivado a escribir este humilde ensayo.

Creo que la gente está desbordada, y en ese sentimiento, piensa sin pensar.

Nuestro país y gracias a las políticas asistencialistas (con las cuales coincido en su esencia pero no en su funcionamiento y en su contralor), han servido en su momento, para frenar un estallido social, pero, actualmente, ante la inoperancia del estado de gestar puestos de trabajo genuinos, los mantiene por las mismas razones que las fundaron y para sostener un clientelismo político “cada familia que los recibe, son potenciales votos al sistemas hegemónico”.

Esta nueva “cultura” ha generado nuevos “valores” totalmente opuestos a los se inculcaban a los que nacimos entre los 70 y los 80 del siglo pasado (parece mucho tiempo).

Las clases más frágiles han perdido la dignidad por no acceder a una vivienda digna, un trabajo, un seguro social y prevional, etc. y se han visto envueltas –mayormente-: en la droga y el delito.

Los padres de estos adolescentes que hoy delinquen, también lo hacen; a su vez se drogan frente a sus hijos e incluso, salen a robar con ellos.

Si bien es cierto que existe algo denominado resilencia, la pregunta es: ¿cuántos de estos chicos, jóvenes, adolescentes que nunca vieron a su papá y a su mamá trabajar –verlos sacrificarse-, pero sí: robar y drogarse –en el mejor de los casos-, pueden decir ¡no quiero esto para mí, voy a triunfar como cirujano?

Entendamos que la pena moderna que se le impone a un reo aparece, a grandes líneas, como técnica de privación de bienes, desde el presupuesto de su valoración cualitativa y cualitativa a efectos penales. Esto es, como privación de un quatum de valor –de un tiempo de libertad en las privativas de libertad, de una cantidad de dinero en las patrimoniales y de un tiempo de capacidad de obrar en las privativas de derechos-, cuantificable y mensurable, que le confieren, o al menos lo pretenden, en el carácter de sanción abstracta, igual, y legalmente predeterminable, tanto en la naturaleza como en la medida, pretendiendo dar respuesta a la proporcionalidad, que en sentido amplio, debe siempre existir entre el delito cometido y la pena por él impuesta. Sin embargo, las penas largas son puestas en entredicho porque tienen efectos demasiados nocivos y conducen a la destrucción de la personalidad del reo y, las demasiadas cortas favorecen el contagio criminal.

Las posibilidades de rehabilitación en las cárceles son mínimas, sus componentes principales son como todos sabemos –trabajo, educación, influencia moral y disciplina, visto siempre desde la óptica del sistema social de que se trate, pero en fin prácticamente estos instrumentos permanecen inalterados y son tan antiguos como la rehabilitación y las cárceles mismas.

Las conclusiones avaladas por una abundante literatura de investigaciones criminológicas demuestran que las posibilidades de mejorar al individuo castigado con penas privativas de libertad son mínimas.

El tan prestigioso y cuestionado Dr. Zaffaroni propone(Zaffaroni, Eugenio Raúl; “¿Qué hacer con la pena? Las alternativas a la prisión”):

“…es que todo intento de cambio no puede ser producto solo de una medida de propaganda como a las que nos tienen acostumbrados –refiriéndose a América Latina- No se trata de que el político en turno, que no hizo nada en el ámbito de la justicia, antes de irse o que para garantizar su clientelismo, envíe de urgencia un proyecto de penas alternativas al Congreso. Para que las penas alternativas tengan realmente alguna eficacia –desde un punto de vista socrático reductor del número de encarcelados en América Latina- es necesario que éstas se establezcan dentro del marco de una decisión política criminal previa: la de no aumentar el número de presos…. Debemos dejar de incrementar al número de presos, porque si tenemos cárceles sobrepobladas y construimos nuevas, lo que tendremos serán más cárceles sobrepobladas. Tiene que haber alternativas para que solo queden encerrados unos pocos…”

Nadie en su sano juicio puede creer que los presos se resocializan en la cárceles, al contrario, se pervierten aún más. Entonces ¿para qué los encarcela la justicia?

Lo cierto es que como he dicho al principio la pena aparece como un quantum de tiempo a purgar en prisión, proporcionalmente relacionado con el delito cometido, es decir, supongamos que un robo con arma de fuego contemple una pena de 7 años. Ahora bien, encarcelamos al culpable quien a la mitad de su condena, con buena conducta, recuperará su libertad.

La pregunta: ¿usted que tiene una peluquería, un supermercado, un negocio, un auto, un parque que cuidar, etc., confiaría alguna encomienda a este ex reo?. ¿Cómo eliminamos la reincidencia con estas tendencias?

Para resumir, entonces, digo que hay que encarcelar a los que están fuera de la ley, pero, convengamos que solo un 15% de los ladrones lo están; el resto sigue delinquiendo.

Si realmente queremos un buen presente y un futuro digno para nuestros hijos, no necesitamos leyes más duras, penas de muerte, condenas ejemplares o bajar la edad de encarcelamiento; todo lo contrario, debemos erradicar los prejuicios, la pobreza, el narcotráfico y la falta de empleo; necesitamos educar y llegar a la primera institución: la familia.

Basta de pavadas y pensemos como una sociedad intelectual y no como bárbaros.

 

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Escribir por escribir (otra entrega)

Hemos ido, venido; vamos, venimos; iremos, volveremos; verbos (distintas maneras de representar el tiempo): acciones. De un modo recurrente nos encaprichamos con la comodidad de lo conocido, lo seguro; aquello, que bien o mal hacemos todos los días, desde que nos levantamos hasta que decidimos descansar y, como es de esperar, al abrir los ojos -si tenemos la gracia de Dios-, comienza todo nuevamente; “…amanece…”, esgrime Saer en el “Limonero Real” para materializar de distintos “cuadros”, la tristeza de Wenceslao.
Lo pienso como caminar en círculos… Sí…es la idea…es lo que quiero decir: caminamos en círculos.
Igualmente, no es sencillo trazar siempre el mismo camino: siempre hay obstáculos pero, hay que sortearlos: no hay otro modo de avanzar.
¿Te conformás con eso? Está bien.
Yo no me conformo con recorrer el mismo círculo hasta que ya no pueda hacerlo (porque la vejez no me lo permita o por un carné de buen jugador).
Hay que ser feliz aunque ello implique soñar lejos de lo cotidiano.
Tenés que “ser” antes de “deber ser”. Parece un juego de palabras, pero te invito a soñar, lector, con el mundo que hoy pensás por las noches.
Ánimo.

¡¡ Llegamos a las 2.200 visitas !!

Gracias a mis lectores y amigos por recorrer esta página. Orgulloso de ser leido en mas de 20 paises (según las estadísticas). Prometo postear nuevos cuentos y ensayos brevemente. Salud!

Análisis literario de “Emma Zunz” de J. L. Borges (Ensayo)

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“La locura en Borges”

En “Emma Zunz” y quizás de una manera no consciente -hecho improbable, dada la tendencia del autor a la reescritura de temas y tópicos eruditos-, Borges construye un laberinto sicótico en el que el lector, a través de las peripecias del personaje Emma, puede jugar a perderse en uno de los clásicos imaginarios freudianos: el doble complejo Electra/Edipo. Como dice Nicolás Rosa: “la textualidad borgiana reenvía a otros referentes que también son textos: otros libros, otros autores, otras teorías para producir una sobresaturación textual originando una violencia que recae sorpresivamente sobre la lectura” (tema que ya he tratado en otro ensayo sobre el autor).

Tengo para mí que la capacidad de un texto para decirle muchas cosas a lectores de diversas áreas culturales y de distintas épocas y tiempos, radica en la organización narrativa, las técnicas, los artificios, en fin, en la conciencia del escritor para crear una arquitectura funcional de los elementos narrativos. Los temas escogen seguramente al escritor porque llegan impuestos desde la inconsciencia, pero los “artificios” son procesos generalmente racionales. Una historia se hace interesante cuando el escritor ha encontrado la forma o el modo adecuado para narrarla.

A manera de justificación, quiero destacar también que la hipótesis interpretativa que ostento de Emma Zunz, es posible porque Borges ha dispuesto sus materiales en un nivel sintagmático en el que, con plena conciencia de su oficio, deja muchos espacios en blanco, vacíos y tiempos sin contenido (espacios de concretización según la estética de la recepción), por lo que el lector, siempre ubicado en un nivel  paradigmático, debe efectuar, pues de no hacerlo, producirá una lectura lineal que sería la muerte del texto. Quizás,  lo que Ana María Barrenechea llama desarrollo narrativo lacunar; así, de los textos de Borges dice: “Sus rasgos simuladores de empobrecimiento aluden a la rica realidad que se quiere postular detrás del texto, pero al mismo tiempo ya están apuntando a la presencia de otros niveles de abstracción. Saber que no se ha dicho todo, invita a inferir la existencia de hechos callados u olvidados; saber que hay una selección consciente o inconsciente impulsa a continuar esa línea de despojamiento”.(el subrayado me pertenece)

Borges es entonces un maestro del no dicho, la elipsis, la ambigüedad, la alusión. Más que expresar, los relatos de Borges aluden (interactúan), lo que permite a los lectores efectuar plurales lecturas hermenéuticas: “Así pues, hacia la década de 1940 Borges posee una estética perfectamente estructurada:

Desde un vértice, se basa en la eficacia y economía literaria en que debe fundarse la escritura, condensar la mayor cantidad de significados, incluso opuestos, en el menor número de palabras; ésta es la lección de estilo del escritor. En otro extremo, supone la imprescindible necesidad de que el lector participe en la producción del «hecho estético» puesto que la literatura solo se completa y hace efectiva, sugiere, en el momento de la lectura.

Aunque parezca fría y calculadora la trama del laberinto irreconciliable que tiende la heroína contra Aarón Loewenthal, pienso que Emma no tiene una conciencia racional del significado o sentido profundo que comporta la telaraña que está tejiendo, es decir, no hay cálculo ni frialdad. Ello se entiende así cuando el narrador nos deja ver el tiempo de la enunciación del relato, coincidente con el de una Emma que repudia y confunde lo que hizo:

“…¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde…”

En el presente de la narración, Emma no se explica cómo pudo llevar a cabo aquella terrible y caótica acción, solo entendible como la peripecia de un personaje paranoico. Obrera en una fábrica de tejidos que se vuelve metáfora o símbolo del laberinto sicótico. Ella misma, al mismo tiempo, teje, en su soledad, las formas visibles de sus latencias. Reprimida, castrada, androfóbica hasta la histeria, Emma es virgen (explicable en la coartada del ultraje consumado que luego exhibirá ante las autoridades). Haciendo foco en que a sus diecinueve años, no ha tenido novio:

“…Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico…”

Emma vive sola, característica de los maníaco-depresivos. Esta situación de aislamiento le permite precisamente mantener la mente fija en sus obsesiones, lejos de las distracciones de la vida normal. De igual manera, manifiesta una latencia homosexual que además de percibirse en el distanciamiento espacial con el padre y el miedo patológico a los hombres   -explicables por el temor fálico-, se muestra también en el tipo de compañía que busca: “…solo mujeres…”

“…A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta…Con Elsa y la menor de los Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde….”

Los problemas de Emma para comunicarse con el sexo opuesto provienen de la violación -“la cosa horrible”- que su padre, Emanuel Zunz, le hizo a la madre. Es de suponer que la misma Emma es producto de esa violación. El hecho, a pesar de atenuarse con el posterior comportamiento responsable del padre, no elimina el trauma sobre la joven. La situación de que un sicótico planee las acciones que va a realizar, como es el caso de Emma, no significa que moralmente tenga conciencia de ellas. La histeria  es una psicosis o neurosis determinada por el sellamiento de las relaciones sexuales, es decir, por la represión libidinosa, de allí que se manifieste en un lenguaje corporal que expresa complicados (laberínticos) contenidos síquicos. Emma apoyará el plan vengativo en la semiología de la violación sobre su cuerpo. El cuerpo roto que dejará la violencia sexual es anaforizado doblemente: con antelación, en el acto de romper la carta (anunciadora de la muerte del padre), y posteriormente, como hecho cumplido, en el destrozo de los billetes (dinero) que recibe del marino.

El maníaco -depresivo va de la euforia y excitación a estados de depresión en que puede llegar a hacerse daño a sí mismo -incluso el suicidio- como ocurre con ella, cuando se entrega al marinero, autocastigándose anticipadamente con la violación a la que se somete, por el crimen que va a cometer. Todo criminal quiere ser castigado, es por ello que en los cuentos de Poe, sus hiperestésicos asesinos siempre regresan al lugar del crimen, buscando ser capturados y penalizados. Varios símbolos conducen a Thanatos en “Emma Zunz”. Su entrega al marinero tiene ocurrencia en el crepúsculo (ocaso) y, cuando se dirige hacia la fábrica para matar a Loewenthal, toma un coche que la lleva a los arrabales del oeste (occidente, muerte).

Seguramente, hay una parte de Emma que quiere ser violada, poseída por el padre, lo que nos sitúa en el complejo de Electra. Para que ello se dé, tiene que sustituir a la progenitora, de allí que asuma la figura de ésta violada por Emanuel, al entregarse al marinero. Le queda el obstáculo de cómo obtener al padre si este ya está muerto. Hija única en que la sicosis se agudiza, reprimida sexualmente por la violación que el padre hizo a la madre, Emma padece de pánico fálico y por ello su sexualidad no toma las vías de la realización genital natural sino el laberinto del complejo electriano: deseo de estar con el padre. Como anota Freud, el niño es sicológicamente el padre del hombre o la mujer adulta, es decir, en el hombre maduro las pulsiones siguen dominando, así que la historia familiar de la violación de la madre seguirá marcando la psiquis de Emma. Perturbada por su psicosis, realiza la proyección del padre en el patrón, quien aparecerá ante la sociedad como el legítimo violador, según la versión que al final divulgará: “Abusó de mí”. Loewenthal se le muestra, al igual que el padre, como un personaje que ejerce autoridad, sobre ella y sobre los obreros en la fábrica, al querer reprimir a los cabecillas de la huelga.

La otra forma de proyectar al padre ausente se produce en la escogencia del marinero. Emma rechaza a un primer hombre porque le pareció “muy joven” y “temió que le inspirara alguna ternura”. El sintagma “muy joven”, de hecho nos hace pensar que buscaba a un marino mayor, más próximo a la edad del padre, y al final opta por uno “más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada”. La construcción oximorónica “pureza del horror” plantea el dolor del sacrificio (horror) pero al mismo tiempo, según su pensamiento sicótico, el valor moral (la pureza) del acto.

Está claro que Emma cambia el motivo externo que la lleva a matar al patrón -vengar el suicidio del padre ocasionado por el oprobio de la acusación del desfalco- por el horror de la violación a que ella se somete:

“…Ante Aarón Loewenthal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello…”

De manera que las justificaciones iniciales que ella acepta para matar a Aarón, quedan sin piso, lo cual es un argumento a favor de la tesis electriana: a Loewenthal lo mata y al marinero lo borra al convertirlo en simple instrumento anónimo, desconocido, inubicable. Obsérvese que las actuaciones de los tres hombres (Emanuel, Loewenthal y el marinero), aunque ficticia la del patrón, se producen como acciones fálicas. En este sentido, los tres tiros que al final Emma propina a Loewenthal -dos en el pecho y uno en la boca obscena- se convierten en un símbolo cabalístico que representa el deseo de eliminar a estos tres hombres.

El anterior análisis nos lleva a determinar que en “Emma Zunz” se dan cuatro violaciones, de las cuales, dos son reales: Emmanuel-madre y marinero-Emma (aunque la segunda tenga el atenuante de la entrega), y dos ficticias: Emmanuel-Emma (en cumplimento del complejo electriano) y Loewenthal-Emma (en su versión ante la sociedad). En la ocurrencia de estos complejos, muchas veces, las figuras investidas de autoridad en la familia (el padre o la madre), son proyectadas en personajes que representan poder. Sthendal, que padecía un fuerte complejo edipíco, llegó a aborrecer al padre y se cuenta que al ser guillotinado Luis XVI, se sintió sacudido por un intenso sentimiento de gozo. En los cuentos de Rulfo, varios de sus personajes eliminan al padre en el patrón, como ocurre con Abundio al asesinar a su padre Pedro Páramo; Esteban, al eliminar a su patrón don Justo, en el relato “En la madrugada”; o Euremio, al matar en la guerra a su padre, en “La herencia de Matilde Arcángel”.

Normalmente, en las narrativas de Borges hay historias múltiples. Cada uno de sus cuentos -y aún de sus poemas y ensayos- es una especie de sinfín  en la que los sentidos se organizan capa tras capa, de la superficie al centro. Como anota Nicolás Rosa: “Nos enfrentamos a una doble textualidad que responde a una teoría del relato laberíntico: un argumento notorio debe ocultar siempre un argumento secreto que debe descubrirse progresivamente”.

Desde otro ángulo, es indudable la fuerte presencia del tópico religioso que se percibe en “Emma Zunz”. Resulta importante entonces revisar este aspecto por el sentido de autoridad que encierra el concepto de Dios. Uno sería el Dios de Aarón, un Dios injusto, usurero, al servicio de la avaricia. De Loewenthal -típico ejemplar de la doble moral y a quien se le podría aplicar el refrán: “El que peca y reza, empata”- se dice:

“…Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones…”

Desde el tópico de la religiosidad, resultan importantes los nombres de los personajes. Aarón nos lleva a pensar en el hermano de Moisés, idólatra, adorador de un dios falso, un becerro de oro. En el caso de Loewenthal, este ídolo es el dinero:

“…Había llorado con decoro, el año anterior, la muerte de su mujer -¡una Gauss, que le trajo una buena dote!-, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo…”

El nombre hebreo Emanuel (Emmanuel) significa “Dios con nosotros”, es decir, Jesús: Dios, encarnado en hombre, está con nosotros. Y Emma es precisamente un hipocorístico o aféresis del nombre del padre. Ellos representarían a Moisés, el que está con el Dios verdadero. Emma se auto-reprocha tildando de soberbio su acto de romper, en día sábado, los billetes que le deja el marinero cuando este sale de la casa de citas, creyéndola una prostituta. Dentro del judaísmo ortodoxo, existen, en el Schabbath, 39 prohibiciones. Recuérdese que este día (ver Exodo: 20: 8, 11 y 31: 12, 17), según el calendario judío, es sagrado, de descanso, dedicado a Yavé o Jehová.

“…Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día…”

Ella se somete a la violación, mata a Loewenthal y miente, impulsada por la “intrépida estratagema” que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana.

La imagen doble del padre, de atracción y repulsión, se proyecta igualmente sobre Dios. El Dios justiciero de Emma destruirá al Dios prostituido de Loewenthal. Moisés destruirá al Dios de Aarón. Al bajar del monte Sinaí, Moisés, “arrebatando el becerro, que habían hecho, lo arrojó al fuego, y lo redujo después a polvos”. Emma rompe los billetes. Por lo demás, hay varios términos religiosos a lo largo del texto: sacrificio, ciega culpa, revelado, reza, justicia de Dios, impiedad, arrepintió, soberbia, infernal, que crean una atmósfera de culpa y castigo. Está también el llamado vocabulario de la abominación que en la narrativa de Borges, alcanza cierto tono religioso: repudia, infame, horror, atroces, horrible, vértigo, asco, miserable, vengar, ultraje, oprobio, deshonra, obsceno, odio.

A su vez, preguntémonos si es real el sentimiento de amor filial que Emma muestra tener por su padre. La acusación del desfalco de la tesorería en la fábrica de tejidos se dio en 1916. Y es 1922 el año en que Emanuel muere en el Brasil y Emma decide ejecutar su venganza. Nos preguntamos: Si Emma quería tanto a su padre, hasta el extremo de vengar su suicidio provocado o inducido, entregándose sexualmente a un extraño, ¿por qué ha estado separada de él tanto tiempo -seis años? El mismo suicidio queda en entredicho. ¿Por qué venirse a suicidar después de tanto tiempo, cuando ya ha pasado la tormenta de ira e intenso dolor, como dicen los juristas? La carta que recibe Emma en Buenos aires, desde Brasil, firmada por el tal Fein o Fain, no habla de suicidio sino de que “…el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido…”. Es Emma la que saca la conclusión de que su padre se ha suicidado por el oprobio a que lo sometió Loewenthal con la acusación del desfalco. Beatriz Sarlo anota que quizás sea el narrador el que realiza la hiperinterpretación. De cualquier manera, es ese el momento en que, reprimida sexualmente por la sombra de la violación de su madre, encuentra un motivo para soltar sus amarras sicóticas y alcanzar la unión con Thanatos y Eros -entrega dolorosa al marino y muerte de Loewenthal-, íconos de su atracción y repulsión por el padre. Ella misma muere, en parte, al entregarse al desconocido marino y violentar, de varias maneras, en día sábado, la ley mosaica que la rige.

Aparte del laberinto mental, hay un laberinto espacial que Emma, en su viaje de aprendizaje al prostíbulo, recorre dolorosamente. Borges emplea allí parte de su conocido léxico de la abominación:

“…Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos…Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres…”

Y una vez escogido el marino, el relato informa:

“…El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró…”

Los sintagmas “infame Paseo de Julio”, “turbio zaguán” y “escalera tortuosa” ubican, con su modalización peyorativa, el infierno en el que ha entrado Emma. Recordemos los losanges o rombos que deja el asesino Red Scharlach en los escenarios de sus crímenes en “La muerte y la Brújula”, semiótica cuyos signos son interpretados -correctamente- por el detective Lönnrot, como el mapa de un territorio romboidal en cuyos cuatro vértices se cometerán sendos asesinatos. Creo que estos losanges repetidos en dos oportunidades (casa de Lanús y vidriera del prostíbulo) en “Emma Zunz”, tienen el mismo sentido indiciario: alertar al lector sobre la existencia de cuatro elementos que él mismo, en su juego hermenéutico, debe encontrar y que, a mi entender, son las cuatro violaciones -ya comentadas- que ocupan la psiquis de Emma.

Al leer la carta,

“…Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas…”   

¿Por qué se produce este malestar precisamente en el vientre y las rodillas? Es como si el recuerdo del padre que de pronto le trae la carta, pesara más como una amenaza somático-sexual (la violación) que como sufrimiento nostálgico. Por lo demás, en el momento en que llega al prostíbulo con el marino, el narrador nos dice que Emma pensó una sola vez -énfasis en el original- en el muerto (el padre) y que al recordar la violación de la madre, “peligró su desesperado propósito”, es decir, Emma, en ese instante, llega a la conclusión de que su padre no merece aquel sacrificio.

El hombre “más bajo que ella y grosero” que Emma elige para perder su virginidad, a partir de la información portuaria que lee en La Prensa, es un marino sueco o noruego del barco Nordstjärnan, de Malmlö, en fin, un extranjero -ni siquiera habla español- que haría su trabajo y se iría en un barco que zarparía “…esa misma noche del dique 3….”. Este hecho, aparte de servirle perfectamente a Emma para sus propósitos atroces pues el hombre no podría ser testigo ante posibles investigaciones, liga al marino a cierta condición de extranjero y distante, que el padre ha ido tomando frente a la hija, desde hace seis años, cuando viajó a Brasil, a raíz de la trampa del desfalco que le tendió Loewenthal.

El sicótico le da al objeto de sus pulsiones un valor ético, en una especie de sublimación. Emma decide no reprimirse más, solo que, como ya lo anotamos, lo hace de modo desviado o degradado. Y para realizar su entrega (al marino, a Loewenthal, al padre), utiliza la mampara ética de la justicia divina contra la justicia humana, del sacrificio para castigar al culpable de la muerte de su padre, así, el marino es simplemente el instrumento del hacer justiciero en que la guía Dios. En este sentido, dice Rafael Gutiérrez Girardot: “Borges juega con el concepto del honor, principal motivo del asesinato, y juega con las circunstancias que son falsas, pero que tienen la apariencia de verdad. Es decir, él juega con la relación de falso y verdadero, de realidad y ficción y borra los límites entre unos y otros”.

Producto de esa sobreinterpretación que los sicóticos realizan de los signos propuestos por la realidad, es la larga serie de impostaciones que efectúa Emma. Tal juego de simulacros le sirve para probar y justificar sus verdades. Así, en una especie de abanico de personalidades múltiples, Emma se calza varias máscaras entre las cuales se destacan las tres más importantes: prostituta ante el marinero, mujer violada por Loewenthal ante la sociedad, vengadora del padre ante sí misma.

En “El barril de Amontillado”, de Poe, dos son los requisitos que requiere una venganza plena, según se desprende de la reflexión de Montresor ante Fortunato: “Un agravio queda sin reparación cuando su justo castigo alcanza también al vengador. E igualmente queda sin reparar cuando el vengador deja de mostrarse como tal a quien le ha agraviado”.

Al cabo, Emma logra la primera condición pues no será castigada por la muerte de Loewenthal, pero ante el cadáver, se siente molesta por el hecho de que el hombre haya muerto sin escuchar las palabras preparadas para notificarle que lo mataba en venganza por el suicidio provocado de su padre. El hombre muere antes que ella pueda articular su discurso. Tal vez Borges, la inteligencia que mueve los hilos del destino de Emma, lo haya dispuesto así porque no es Loewenthal realmente el destinatario de ese discurso sino el padre. Está claro que si Emma mata en el patrón al violador de su madre, -es decir, al padre-, no tiene sentido que Loewental escuche la explicación de su muerte. El deseo de decírselo es apenas una justificación moral a la que Emma quiere aferrarse porque el reconocimiento del significado recóndito y monstruoso escapa a su racionalidad. Así, el tercer disparo que propina al judío en la boca, después de darle dos en el pecho, ocurre porque ella quiere acallar las obscenidades en español y en ídisch, la voz de aquel hombre que -solo lo sabe la Emma interior- no se merece tal muerte ni aquella injuria póstuma de abusador.

Al final, la palabra increíble salta dos veces, primero en boca de Emma, por teléfono, y luego, en un comentario del narrador:

“…Ha ocurrido una cosa increíble…”

Lo increíble no es tanto que haya matado a Loewenthal sino que él, con el pretexto de la huelga, la haya hecho venir para abusar de ella. Aceptada esa incredulidad, ya la muerte deja de serlo pues se produce en defensa propia y como resultado de la ira y el intenso dolor. Por lo demás, es común que un hecho sea aceptado cuando el propio ejecutor lo reconoce como increíble. Sin embargo, en el juego interpretativo que venimos proponiendo, el término parece decirlo Emma no tanto a los extraños (la policía, la sociedad) sino a ella misma: Increíble que haya usado a Loewenthal como chivo expiatorio para resolver una deuda solo pendiente con el padre.

Como punto final de este trabajo, quiero referirme a la instancia del narrador que, en mi parecer, presenta ciertos problemas imposibles de resolver. Borges elude el uso de la narración en primera persona, es decir, desde la propia conciencia de Emma. Y la verdad es que en ciertos momentos del relato, uno siente la necesidad técnica narrativa de que los hechos hubieran sido contados o pensados por Emma, dado que en la historia, nadie, salvo ella, conoce los acontecimientos y estos deben permanecer en secreto para los demás personajes. Sin embargo, ella no puede hacerlo pues en el ahora (hoy) de la enunciación, no recuerda lo que hizo, y en el momento de la ejecución, tampoco podía pues toda narración exige un proceso de organización y racionalización que ella, como sicótica, no podía efectuar, en bien de la verosimilitud de la historia. El narrador se ubica como extra-heterodiegético, más exactamente, como omnisciente, en la terminología tradicional, aunque en dos momentos nos ponga a dudar sobre su ser de entelequia. Esos dos momentos se producen cuando dice:

“…nos consta que esa tarde fue al puerto…Yo tengo para mí que pensó una vez…”

Esa materialización del narrador en un personaje, más en la segunda frase que en la primera, pone en duda que se trate de una instancia omnisciente. De hecho, “Emma Zunz” se estructura como un cuento policíaco y aunque no tiene corporeidad de detective, el narrador va dándonos la apariencia de los hechos que engañarán al mundo y la esencia de los realmente ocurridos, las dos premisas que rigen todo relato policíaco, según la línea clásica de Poe, oscilante entre el ser y el parecer. Otra explicación -poco convincente- para comprender las veleidades de este extraño narrador, sería la de admitir que es Emma Zunz la que está narrando los hechos, dado que es la única que los sabe, valiéndose de una tercera persona como pantalla narrativa, con el fin de mitigar el oprobio, como hace el irlandés del cuento “La forma de la espada”, al contar su propia traición, usando la tercera persona, pero no hay en el relato marcas indiciarias del desdoblamiento gramatical de Emma.

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La violencia textual en la narrativa de Borges (Ensayo)

perfilskype                                                       

                                                           “…la violencia puede concebirse como un comportamiento deliberado que puede provocar daños físicos o psíquicos al prójimo…” D.R.A.E

 

            Si ha leido a Borges y se interesa por su obra, seguramente al igual que yo, habrá recorrido las tesis de Ana María Barrenechea o de Nicolás Rosa, sobre los textos de Borges desde tópicos comunes: lo laberíntico, lo metafísico, los espejos, las bibliotecas infinitas,etc.; quizás también haya reparado en algún  bosquejo  sobre la textualidad borgiana de Guillermo Tedio, de Ricardo Piglia o Beatriz Sarlo, sin embargo, poco o casi nada  han dicho estos y otros autores, de la violencia textual que se genera entre el texto de Borges (cualesquiera) y un determinado lector (el competente).

            Yo no me refiero a una violencia física o psicológica como la citada más arriba, sino a una “textual”, en términos de una explosión que se engendra en el proceso de lectura, desde el texto y hacia el lector, producto de diversos factores -entre otros- culturales y teóricos (me quedo con estos dos para no convertir lo que ostento  en una tesina);  Así la defino:

            Entiéndase a la violencia “textual” en Jorge Luís Borges, como el resultado de la interacción de un conjunto de habilidades y competencias culturales y teóricas que el lector debe poner en marcha para reponer “lo no dicho” o, peor aún,  para concretizar “lo dicho” en un referente extratextual en dirección generativamente inversa (porque el texto así lo requiere) y que lo ataca sin siquiera contemplarlo.

            Es importante lo señalado antes: esta violencia no se genera con cualquier lector. Yo tengo para mí que uno inexperto puede pasar inadvertido por ciertos recodos  del texto, sin siquiera percibirlos y en definitiva, sin completar la significación propuesta; quizás otro pueda percibirlos sin transitarlos debido a sus carencias y llegue a una significación incompleta y/o errónea o, por último, un tercero acabado ante la pesquisa, abandone el texto. Sin embargo, no puedo negar que en cualquiera de los tres casos (en situaciones muy especiales) se pueda producir una frustración y una futura negación, que despliegue en cualquiera de estos, el mismo grado de violencia textual, que cultiva sobre un lector experto.

            Dos párrafos antes, comenté que la violencia se produce en el texto como una explosión, en dirección al lector y producto de la conjuncion abrupta de diversos factores; he decidido optar por la competencia cultural, en este primer esbozo.

La competencia cultural en la obra de Borges

            Borges, sin lugar a dudas, era un científico pero más intuitivo que sistemático. Quizás podemos creer que Borges fue un pensador que utilizó a la literatura como un instrumento para transmitir y/o canalizar un conjunto de reflexiones y meditaciones muy complejas. Cavilaba a la filosofía como una de las ramas más fecundas de la literatura fantástica. Se topa con la visión de Schopenhauer para quien “un hombre es todos los hombres”. Vincent Moon, en “La forma de la espada”, confirma esta afirmación. Él le relata su historia de traición a Borges en tercera persona, para solo al final delatarse y pedirle su desprecio:

“Me abochornaba ese hombre con miedo, como si yo fuera el cobarde, no Vincent Moon. Lo que hace un hombre es como si lo hicieran todos los hombres. Por eso no es injusto que una desobediencia en un jardín contamine el género humano; Por eso no es injusto que la crucifixión de un solo judío baste para salvarlo.”  

            En el cuento “Biografía de Tadeo Isidoro Cruz”, relata la manera en que Cruz, en una noche, resuelve su identidad, y Borges resalta que sólo esa noche le interesa.

“…lo esperaba, secreta en el porvenir, una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo…”

            Es la noche en que Cruz se encuentra frente a frente con Martín Fierro y resuelve pelear junto al desertor y serlo del mismo modo. Pensemos que para Borges el otro puede ser él mismo, aunque también cada uno conserva y construye su identidad.

            Otro ejemplo puede ser el de “El espejo de los enigmas”, donde Borges cita a De Quincey:

“Hasta los sonidos irracionales del globo deben ser otras tantas álgebras y lenguajes que de algún modo tienen sus llaves correspondientes, su severa gramática y su sintaxis, y así las mínimas cosas del universo pueden ser espejos secretos de las mayores.”

             Resumiendo, la reflexión moderna no es ajena a Borges y, de Heidegger a Gadamer, de Edgar Morin a Habermas, de Rorty a Lipovetsky, ha determinado claros deslindes y cualificaciones de la época. Morín ha sintetizado en una frase el paso de la visión de mundo de la fe a la razón:

 “La ley eterna que regula la caída de las manzanas ha suplantado a la Ley de lo Eterno que, por una manzana, hizo caer a Adán”. Podría abrirse un arco desde el siglo XV hasta finales del siglo XIX, que podríamos llamar con Rorty, de la modernidad optimista: el paso de la teleología a la “ley causal”

            A lo que con Leibniz o Schopenhauer llaman el principio de razón suficiente como dominante en una visión de mundo, donde Descartes y Newton se muestran como paradigmas; el discurso científico como su más acabada expresión; en la conquista de la verdad objetiva y la certeza de la capacidad de revelar los enigmas del universo. De allí la frase de Pope:

 “Dios dijo hágase la luz, y nació Newton”

            O quizás,  la certeza de Laplace de poder dilucidar todos los enigmas si se conocieran las causas. Borges se ha referido explícitamente a la teoría del “monstruo” de Laplace:

“…si existiese un mortal cuyo espíritu pudiera abarcar el encadenamiento general de las causas, sería infalible; pues el que conoce las causas de todos los acontecimientos futuros, prevé necesariamente el porvenir”. Borges puntualiza: “Laplace jugó con la posibilidad de cifrar en una sola fórmula matemática todos los hechos que componen un instante del mundo, para luego extraer de esa fórmula todo el porvenir y todo el pasado…”

                       Digamos que lo expuesto, como dije anteriormente, es para Borges en su narrativa, un juego, una duda o una mera reflexion pero, para el lector, una pesadilla, un desequlibrio que lo obliga a salir del texto hacia un referente cultural, literario o técnico en principio ajeno, para luego regresar,  retroceder y con suerte, avanzar. Este planteo textual con este bagaje, no es arbitrario, es agresivo y sin mayores controversias, el lector debe estar preparado para asumir el desafío de lectura que lo hará recorrer lugares inesperados.

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Otro de mis cuentos en Europa

Nuevamente y luego de dos años, Barracas al sur, uno de mis cuentos, ha sido publicado en la Revista Literaria “Palabras Indiscretas”, de España. Los invito a descargar la Edición nº 11, donde podrán encontrarse con éste y otros textos de colegas amigos.

 http://palabrasindiscretas.bubok.es/

Equívoco

“con la paciencia que consagra al cazador, yo te esperé aquí, hasta quedarme solo”

 

Huyó por Tucumán hasta Reconquista. Miró -asustado- hacia ambos extremos de la calle. Pensó que lo había perdido de vista. Sacó del bolsillo derecho interno del saco un parliament -siempre tenía cigarrillos sueltos en uno y el paquete en otro (de ese modo evitaba compartir)-, lo prendió y ganó el bajo. Caminó distraído mientras pensaba quién mierda era ese fulano. Recordó (trató de recordar) la cara de los mafiosos que rodeaban a Ledesma. Mauricio le debía plata (mucha plata) que había perdido en el juego y, deberle dinero a este tipo de gente es tan riesgoso como caminar a la madrugada por “La Carlos Gardel”.

Como destellos sangrantes recordaba “veni…..veni… no te vayas… no corras…”, miró la soledad de su sombra y se sintió seguro. Sin embargo, A pocas cuadras lo esperaba, lo esperable -como suele pasarle a este tipo de sujetos-.

– ¿por qué corriste? -le preguntó- al mismo tiempo que  le apoyó la browning en la nuca.

– bancá, bancá …sacame el fierro de la cabeza; hablemos.

– Te pregunté por qué corriste putito.

– Es que me asusté…sé que Ledesma me quiere boletear…por eso corrí…¿te mandó a vos para eso, no?

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He superado las expectativas de concurrencia y de trascendencia nacional, por ello, brindo con ustedes y les doy las gracias por acompañar mi proyecto de escritura.

Uno de mis cuentos publicado en España

Me enorgullece invitarlos a descargar gratuitamente, la edición nº 6 de la revista “Palabras Indiscretas”, de España, donde se ha publicado uno de mis cuentos. Esta revista se difunde por Internet gratuitamente y se imprime en papel en el nombrado país.

Revista-Literaria-Palabras-Indiscretas-n6

Barracas al sur

No hay nada más equívoco que un escenario hostil. En determinadas circunstancias, tomamos como yelmo a nuestra doctrina  y arremetemos (con ella) cualquier situación esperable o concreta, pero, cuando estas últimas derriban a las primeras, estamos en problemas.

Sebastián Lynch era un guapo. Pero de esos que pa´ pelearle, primero había que sumar respeto. Ajeno a su linaje (sus padres eran dos intelectuales y profesionales muy renombrados en la época), se ocupaba (como quienes llevan a cabo acciones sistemáticas para incrementar un ahorro) de sumar respeto de la peor manera: digamos que ahogaba sus días en cualquier batida y se las arreglaba para estar en la puerta de cualquier trenzada. Su nombre sonaba de Barracas hasta Boedo y su hombría sacudía las bombachas de las muchachas del arrabal pero, también de las del centro, las que, en su momento, fueron a buscarlo a Rosas para “restaurar la leyes”.  Tuve la suerte o la desgracia de conocerlo una mañana; esas en que uno camina sin rumbo, confundido por el truco y la caña.

–           Oiga….venga… ayúdeme que  no me puedo levantar.

Escuché la voz pero, no sabía quién carajo me hablaba. Miré de punta a punta, de vereda a vereda.

–           Acá … detrás de la pared -esgrimió-

Vi su mano en alto; al acercarme, vi un tipo de pelo corto, rubio y de ojos claros. Estaba tendido en el piso.

–           ¿qué hace acá?-le pregunté-

–           ¿y a usted qué carajo le importa varón?

Me sentí molesto. Estuve a punto de mandarlo a la mierda; le tendí la mano y se incorporó con mucho esfuerzo.

–           De nada -le dije-, y me miró (frunciendo el entrecejo) como si estuviera perdonándome la vida.

Sin mediar otra palabra, me fui del lugar. Al llegar a la esquina escuché a dos chinas hablar del fulano. Aquel borracho resultó ser Sebastián Lynch.

Volví hacia él, lo miré y le pregunté:

–           ¿usted es  Sebastián Lynch?

–           ¿por qué? –me preguntó-

No es que sea un experto en la pelea o la estocada, pero el tipo estaba borracho y lo supe aprovechar. Yo siempre fui un bohemio pero, de los boludos, de los que caminan por la sombra (de familia adinerada, claro está); así y todo, le pegué una piña en el mentón y lo tumbé al piso. En pedo y todo se levantó y con un puñal, me lastimó el brazo izquierdo (pensé que me iba a matar cuando se puso de pie); era muy alto y me daba la sensación que no terminaba  de erguirse; se abalanzó y se me tiró encima, con la desgracia (para él o para ambos), que todo su peso choco contra mi puñal, bandeándolo.

Allí quedó desangrado (dicen que no murió, pero jamás se lo volvió a ver), quizás huyó confundido por el ocaso en manos de un desconocido; quizás sintió miedo, quizás vergüenza (me lo sigo preguntando pero no quiero alterar los hechos ulteriores)

De ahí en más la confusión: las noches son mías: todas duermo con una mujer distinta y donde vaya, siempre bebo gratis. Por suerte (hasta ahora) nadie me quiso medir. Sin embargo, extraño lo otro, me siento ajeno en este alter ego.

****

–           Dígame Borges… ¿esta historia, no es digna de un relato de los que usted escribe?; porque al fin de cuentas, a esto viene: a contarle  una verdad que, quizás, usted desconocía.

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Epopeya nacional

                     “(…) quiero restituir al Coronel Rodríguez, si vive, o al Regimiento de Patricios de  Buenos  Aires, si aún existe, la bandera bajo la cual y en la noble defensa de su Patria, cayeron tantos de los que en aquella época lo componían…”

                                                                                                                                                                            Almirante J. B. Sullivan

——–En la Ciudad de Buenos Aires, a los veinticuatro días del mes de agosto del año mil ochocientos cuarenta y nueve, en presencia del juez criminal que entiende en la causa, Dr. Agustín Carlos De Hoz, se procede a labrar la presente acta con el objeto de tomar declaración testimonial al comandante de las fuerzas defensoras, Genera Lucio Norberto Mansilla, por la muerte de más de doce civiles, en el marco de la d Batalla librada en Vuelta de Obligado, inciada el día veinte de noviembre de  mil ochocientos cuarenta y cinco. A continuación el, Sr. secretario actuante,  Dr. Diego Urraco, procede a interrogar al nombrado, solicitándole recuerde a los aquí presentes, la manera en que quince civiles, formaron parte de la milicia armada que dirigía el Coronel Rodríguez. A esto el Gral. Mansilla responde:

–         Tenés más que claro que fue tu papá, juez de paz en ese entonces, el que nos informó sobre los que querían sumarse a la batalla. Nosotros compartíamos con los terratenientes bonaerenses la seguridad de que el Estado no podía entregarse a ninguna potencia extranjera. No por un fanatismo del Brigadier.

–         Disculpe, ¿se refiere al Brigadier, Juan Manuel de Rosas?

–         ¿qué otro brigadier conoce usted?

–         Continué por favor…

–         Entonces, no por un fanatismo irracional, sino por una política nacionalista pragmática que entendía como deseable que los ingleses manejasen nuestro comercio exterior, pero que no admitía que se apropiaran de un solo palmo de territorio nacional y que les diera ulteriores derechos a coparnos. ¿Usted Sabe que dijo el General San Martín, cuando le contaron lo de Obligado?

–         Al parecer usted sabe más que yo, desayúneme, por favor.

–         “… Ya sabía la acción de Obligado; ¡Que inequidad! De todos modos los interventores habrán visto por esta muestra que los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca…”; eso dijo. Estábamos en desventaja, claro está, pero luchamos con coraje, pusimos huevos; peleamos como verdaderos argentinos porque fuimos, somos, y seremos nacionalistas.

–         Pero eso no justifica la muerte de civiles.

–         Vos sos un pendejo irreverente, ¿tenés idea de todos los gauchos que murieron? la gente quería pelear, se entusiasmaban con nuestra lucha porque también les pertenecía. Lo iban a buscar a Rodríguez para ponerse la pilcha y defender la tierra. Vos no tenés idea de una mierda

–         Ubíquese.

–         Ubicame vos, ignorante.

–         Sé que soy el hilo más delgado del resultado más esperado, pero, hasta los ingleses, en su momento, tendrán que reconocer con humildad, semejante acto de patriotismo. Quiero una medalla para todos los héroes, civiles y militares: quiero una medalla para Vieytes, para Brown  y para Thorne; quiero una medalla de honor para cada uno de los que participó. Y te voy a contar algo, en las trincheras había mas de 2.000 hombres y la mayor parte eran gauchos asignados a la caballería; así que el número lo tenés medio desdibujado y confundido en la esencia, ¿sabés por qué?

–         Digame

–         Porque fueron a morir.

–         No tengo más nada para decir, proceda en consecuencia.

–         Puede retirarse.

–         Por supuesto, o se pensó que iba a detenerme, infeliz.

——–No siendo para más, se da por finalizada la presente. En resultado y a tenor legal, firman al pie, el Sr. Juez, Dr. Agustín Carlos De Hoz, el Sr. Secretario, Dr. Diego Urraco, el General Lucio Mansilla, quien se niega a firmar.

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La incertidumbre

“Sub conservatione salvae forma specificae ánima”
SIMON LULL

Esta historia me pertenece y, a la vez, desde el punto que aquí la plasmo, se escurre entre mis manos. Podrán considerarme personaje, testigo y hasta omnisciente de tamaño relato según donde hagan –hagamos- foco. Preferiría discurrirme un mero testigo de la tersa ocurrencia con la que se encaprichó mi vida, o acaso, un agente pusilánime –cualquiera- del Ministerio Público Fiscal que con cierto grado de respetabilidad enumera y registra en su afán de encontrar en la sucesión de circunstancias que examina, un grado de recurrencia y consecuencia razonable para arribar a una conclusión mas o menos acertada. Creo –es mi más ferviente convicción- que los hechos ulteriores al pequeño ocaso que atravieso, son la síntesis de un sinfín de irregularidades convexas que irremediablemente prefiguraron el escenario más cruel de lidiar, pero, acorde a lo esgrimido, no puedo hacer caso omiso a mi propio recelo. Los que recorrimos alguna que otra página del algún libro teórico de Filosofía o Psicología y, además creemos en Dios, sabemos y comprendemos que las casualidades no existen. Por ejemplo, los accidentes no existen: sí dos automovilistas colisionan en una esquina porque uno de ellos atravesó la calzada con luz roja, el siniestro es producto de una contravención, no es accidental; Sí un obrero tropieza de un andamio y fallece, no es un hecho trágico, cayó por no utilizar un arnés. Así, podría enumerar cientos de variantes para argumentar mi tesis, sin embargo y con todo, estimo ser claro y prudente.
La tarde que quiero referir, como casi la gran mayoría de aquellas tardes, era el común denominador de muchas otras. Con los libros en mi bolso, recorría cada momento de mi rutina diaria. En la guantera del auto, en la pieza y en la cocina había copias de los mismos ejemplares de Borges.
Estaba en el último año de mi licenciatura y la profesora de Literatura Argentina me tenía a mal traer. En clase solía preguntarme cosas de este estilo: “A ver…… Mauricio… cómo relaciona a la figura de Ole Andreson (Los asesinos de Ernest Hemingway –era obvio-) en su deceso con la obra de Borges.. mas precisamente con qué texto del autor?…” No sólo le explicaba lo implícito, además de lo explicito me esmeraba por disociar sus planteos con otros autores de la talla de Chesterton. Sin embargo, todo lo que decía era suficiente para que me ridiculizara ante mis compañeros –mas de 150- (su clase se daba en el aula 109, la más extensa). Me encendía en cólera y la insultaba en francés para que no entendiera, aunque por astucia, percibía mi enojo.
Por eso pasaba horas y horas; días y noches releyendo cada cuento de Borges. Los leía, los marcaba y sindicaba en cada uno de ellos relaciones de transtextualidad con una facilidad que Genette no hubiese imaginado nunca. Pero esa noche dije basta.

****

“….Si, claro. Tuve una larga charla con él porque sentí que se equivocó. De hecho, se había equivocado frecuentemente en el último tiempo. Lo conozco muy bien; lo suficiente como para que me molestara la correlatividad de sus desaciertos.
Ese día se marchó como muchos otros. Hasta que el agua calentara lo suficiente para tomar un buen café, salió al garaje y dio marcha al auto. Con el auto calentándose, fue hasta el espejo del dormitorio, se miró y se vio bien. Fue hasta la cocina y empezó a batir el café. Pensaba sin pensar demasiado –este tipo de cosas suelen sucederle- en el modo concluyente en el que habían concluido –permítanme la isotopía- sus últimas conversaciones con Soraya Echegaray de Pueyrredón (su karma). Respiró hondo, miró el fondo de la taza y echo agua mientras revolvía. Creyó darse por aludido del fracaso, se rió mirando el techo y tomo un sorbo. Recordó que en treinta minutos debía estar en el centro, tomó el resto del café de un solo trago. Apagó la luz de la cocina, cerró la puerta que da al patio y camino hasta la cochera. Se había olvidado las lente de solas. Volvió a entrar, las recogió de encima de la mesa y repitió la rutina. Al fin, salió con el auto. Discutió en el tránsito, como siempre, con un par de mujeres que habitualmente no parecen tener apuro alguno por llegar a donde se propusieron e insultó a un señor mayor que le recriminó con la mirada haber girado a la izquierda en una avenida. Después de las recurrencias propias de su personalidad y el tránsito, llegó a la Editorial…”

****

La verdad es que al salir de la facultad, la seguí por córdoba hasta callao. Mi intención era preguntarle ¿por qué tanta saña? Les aseguro que sin rodeos mi razón se esgrimía en ese acto.

– ¡Soraya! –le dije-

Se asustó mucho y sin mediar palabra alguna, saco de entre sus pertenencias una navaja. Intenté algo similar. Pero yo solo tenía libros de Borges. En el apuro pude tomar “El aleph”; atiné a defender su embestida y le asesté un golpe en la cabeza. La suerte –como suele ocurrir- no estuvo de su lado y cayó irremediablemente al piso. Su cabeza golpeo fuertemente contra el asfalto y sangraba a borbotones.
El horror me obligó a marchar. Subí al auto y me alejé (sigo alejándome). Traté de relacionar lo ocurrido con algún texto leído. Les hago una pregunta: ¿ustedes creen que mientras se desvanecía habrá hecho lo mismo?

****

15 de Septiembre de 2009 .-
SOLICITADA

“Se solicita todo tipo de información sobre el paradero de Mauricio Robledo quien desapareciera en cercanías a la Universidad de Buenos Aires, el pasado 25 julio. Cualquier dato que pueda favorecer su búsqueda tenga a bien comunicarse a los números al 4351-5255/59. Desde ya, muchas gracias”

Depto. Nac. de trata de personas

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El indolente

“Lo importante no son las acciones que llevan a cabo los hombres sino, los factores que las favorecen”
JEAN PAUL LE GRAND

Los escritores solemos contar historias. En muchas ocasiones, las encontramos caminando en soledad y, en otras, entre la multitud cuando –algunos- podemos pausar el trajín para observar las recurrencias isotópicas de la rutina humana. Por los menos, así las consigo yo.
Hay otros que con gran solvencia recurren al don de la imaginación, sin embargo, no comparto con ellos la esencia literaria; fuera de cualquier discusión teórica sobre si existen o no características que definen al género, la literatura debe gritar esos espacios que a la historia no le interesa. Reconozco ser un gran observador pero admito que hay ciertas partes de esta patraña que no me fueron reveladas; con todo, sucedió así.
Recuerdo ese jueves porque tuve una cita con la Vicedecana de la Facultad de Humanidades de Rosario. Ella, María Inés de las Casas había iniciado un seminario de Neurolingüística en la sala cinco de nuestra querida U.B.A. Inés –así le gustaba que la llamen- me había ofrecido una cátedra de Semiótica por e-mail, pero por las obligaciones que ocupan a mi labor docente, no pude viajar hasta su ciudad natal. Ante su arribo a la “gran ciudad” quedamos -vía sms- en encontrarnos en el café de la esquina de la universidad. No nos conocíamos. María Inés había escuchado que ejercía “con honores” lingüística general en el jactancioso Joaquín y pensó –como solía hacerlo- que seguir reclutando catedráticos de la capital, era bueno para su gestión.
Esperé quince minutos su llegada; tomamos el café pactado y acepté el cargo con la condición de viajar una vez a la semana; nos pusimos de acuerdo en el inicio, la saludé y marché.
Al salir, gané el bajo por Lavalle y al llegar a Florida, observé lo más ilógico, irracional e imprevisto que se pueda ver: al lado del puesto de diarios, erguido y furioso, Daniel Echeverri –así se llamaba- le recriminaba a un libro malos consejos. Como imaginarán, detuve la marcha y sin que se percibiera mi pesquisa, presté atención sobre qué decía. Con las imposibilidades de recuperar lo coloquial de una conversación tan atípica, se la reproduzco de esta manera:
“… – Vos dijiste que tenía que creer en mi, que debía confiar en mis impulsos, en mis emociones… -con una mano sostenía el texto a la mitad y, con la otra, gesticulaba-
– Si, ¡pero no me lo aclaraste! –como si hubiera obtenido una respuesta-
– Estoy harto. Sos una gran mentira….”
Querido lector. Sepa usted que Daniel dialogaba con “ese” libro y, éste no con él. Al cabo de algunas palabras que no llegué a oír, estrelló la obra contra el piso y comenzó a caminar por Florida hacia Corrientes. Cuando había hecho unos metros, me acerqué y la tome del suelo, era: “El alquimista” de Paulo Cohelo. Lo guarde en mi bolso y lo seguí. Se metió en el subte, pasó por boletería y decidió bajar por la escalera que sube hacia el Abasto. Hice lo mismo. Caminó hasta el final del andén –a la derecha de las escaleras-. Me interesaba saber quién era ese sujeto, a dónde iba y hasta llegué a pensar en invitarle un café para corroborar una de mis tantas tesis azotadas en mi época de estudiante “determinadas lecturas pueden ejercen cambios significativos en la personalidad del lector”.
Daniel fumaba nervioso. Yo pensaba la forma menos pedante de darle a entender que estaba loco pero que su locura me servía para demostrar que yo no lo estaba. En eso, la máquina se dejó ver y, segundos después, Daniel se arrojaría a las vías.
En ese salto desesperado en donde la ficción confundió a la realidad, dejó caer un carné plástico que lo validaba como socio de la Gran Biblioteca Nacional.
Me aterrorizó el suicidio y sin pensar demasiado, subí a la calle con una pregunta ¿Cómo alguien que frecuentaba la segunda casa de J. L. Borges podía leer a Cohelo? Miré el reloj. Eran las 16:30. En treinta minutos debía estar en Once. Paré un taxi y quizás por curiosidad, tomé el libro.
Al día siguiente, le pediría a la regencia contemple retirar todos los ejemplares del autor.

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Nos seguimos comunicando

Hace poco, inauguré una cuenta en Twitter; los espero:

@metadiscurso

Machismo y otras hierbas

Hoy, un amigo me recomendó un libro; digamos que las mismas rutinas, discusiones, oposiciones que tenemos, que sorteamos, etc., terminan siendo asumidas y hacen de nosotros “vencedores o vencidos” y, mas allá del rol que nos toque, nunca nos conformamos con uno u otro y debemos (necesitamos) exteriorizar nuestras miserias y bajezas. En eso, el citado texto y la urgencia de recorrer alguna que otra página que sirva de sinopsis y que ella sea colofón de algún que otro asuntillo.
Hablábamos de cuán eficaz resulta en estos tiempos que corren, discutir (prefiero discernir) con nuestras mujeres sobre lo malo, lo bueno, lo correcto, lo impropio, lo inadecuado, lo que no te gusta a vos ni a ella (bla, bla, bla) sobre nuestros hijos y la misma pareja. Obviamente las respuestas, soluciones y opiniones fueron dispersas, errantes según la óptica y lo que se pretende, por ejemplo:
a. En la discusión específica (corto plazo)
b. En la pareja como reestructuración semántica de opiniones y conductas (largo plazo)
Para ser mas sencillo, muchos de los hombres (aquí voy a ser taxativo) buscamos en la mujer que nos acompaña, una muy similar a nuestra madre, sin que esto represente algo para tratar en terapia. En otras palabras, los hombres amamos a nuestras madres y las hemos idealizado durante muchísimo tiempo por sus dedicación, templanza, incondicionalidad, etc, etc.. por ese modo que lo trataba al viejo, a nosotros y, en definitiva, por su carisma. queremos una mujer muy similar, léase: que planche, que lave, que cocine, que las milanesas estén secas en el plato, que las papafritas sea rectangulares y no cuneiformes, bla, bla, bla… Sin embargo (aquí está el meoyo) las mujeres que están en la plaza mujeril (aquí, ahora) no hacen nada de estas cosas y, si las hacen, es un continuo reproche o una puja de “¿ayer cociné yo?. Es como que si la mina estaba sola, o soltera…no tenia problemas en transformarse en la mujer maravilla para cumplir con sus deberes pero, cuando se junta con un hombre la puja de poder comienza y se niegan a ser “AMAS DE CASA”.
No quiero ser desconsiderado con un montón de mujeres que sí lo serán, pero señoritas, encararán la excepción y me gustaría conocerlas (para relación formal excluyente), pero lo importante del texto que me propuse escribir, no reside en decir cuán buenas o malas son las mujeres de hoy (que tienen cosas que la vieja no tenia como lavarropas automático, secarropas, microondas, celular, etc) sino, en como sortear esas cuestiones que surgen con personas de las que esperamos mas o algo distinto. La respuesta es “no sé”, porque si discutimos por imponer nuestra crianza, se torna algo fastidioso, y si nos callamos y asentimos, nos volvemos “tarados”,  porque dejamos de jugar football, para lavar la ropa de la semana, perdemos la hora de almuerzo para dar de comer o cocinar.
Si suena machista, disculpen, pero los tiempos han cambiado pero la familia que muchos buscamos, es le reflejo de la que tuvimos. Así que muchachos, lo importante es no creerse tanto lo de las mujeres de las nueva era y hacer respetar nuestro rol y las buenas costumbres porque donde manda marinero, no manda capitán.

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Ediso

EDiSo es la Asociación de Estudios sobre Discurso y Sociedad, impulsada por Teun A. van Dijk y Luisa Martín Rojo (su presidenta actual), y con base operativa en España.

Su página web, que ofrece numerosos recursos, indica que “la asociación tiene como fin fomentar el intercambio científico y la colaboración interdisciplinar entre aquellos investigadores e investigadoras y entre grupos de investigación nacionales e internacionales que estudian el discurso, desde distintas perspectivas y con distintos enfoques, metodologías y objetivos”.

ediso

Feliz día, Mami

Mamita mia…en dónde estés, sabés lo que te extraño, lo que fuiste y seguís siendo en mi vida. Lamento no poder haber estado en esos momentos que de niño, siempre reprochaste mi presencia; tengo mi excusa (que no sana el dolor de la ausencia) de ser ajeno al motivo. Sigo llorando alguna que otra noche por no estar ahí con vos diciéndote “viste ma, viste que nunca te iba a abandonar”… perdoname, mamá….perdoname… pero por un lado, hay algo bueno en eso y es que me quedé con la mejor imagen tuya…esa que me llena de felicidad: “verte sonriendo, contenta”. tengo el mejor recuerdo tuyo y es el que me acompaña día tras día.. todo lo que soy te lo debo a vos y papá…pero esto es para vos que me mimaste, me criaste y amaste incondicionalmente…¿qué es un hijo sin una madre?…. nada…..y vos sos mi madre, no importa donde estés….. vos estás acá… en mi sangre…en mi mente, en mis recuerdos,…..y todo eso te trae conmigo con la misma frescura que me diste la vida. Siempre fuiste un ser noble, de buenos sentimientos y una gran paciencia, fuiste el ABC de cualquier madre, mujer y amiga. Yo sé que Dios te reservó un lugar privilegiado y sé que estás mas que bien, así que cuidalo a papá y sabé que te amo con toda mi alma.

Escribir por escribir (atando cabos)

Digamos que la vida se resume en un verbo: “ser”. Claramente hay que ser:  ser precavido, honrado, profesional, padre, hijo, pero,  distingamos el “ser” del “deber ser”. No importa ser barrendero, médico, bombero, taxista o intelectual, mientras que se represente lo esperable, lo ético y lo correcto. En este postulado, se resumiría la esencia de lo que “los otros” esperan de vos, de mi, de tus hijos y de los hijos de tus hijos. Esto no es arbitrario y responde a un conjunto de clichés, estereotipos y contratos sociales. Sin embargo, existe una contradicción: “el ser” junto al “deber ser” no siempre garantiza el éxito, el reconocimiento, la felicidad y la prosperidad. 

En esta sociedad que vivimos, si sos barrendero, sos un negrito, si sos ladrón, la cárcel es lo tuyo; si sos médico, estás lleno de dinero; si sos docente, tenés tres meses de vacaciones; si sos bueno, sos gil; si sos turro, sos mala hierba; te roba el chorro, el rufián, el político y el del almacén; te mata el caco y el vigilante; te enseña la calle, la escuela y las letras. Vivimos rodeados de prejuicios y mala intenciones.
Llegué al punto en que deseo privilegiar el “ser” ante el “deber ser”. Hoy decido ser lo que se me ocurra, mi antojo, mi anhelo; lo que esté al servicio de mis ideales, mis convicciones y mi propia satisfacción. De aquí en mas, al que le guste, le guste y al que no, voy a habilitar un libro de quejas y un 0-800, en breve.
Salud!

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La casa azul

¿Cómo no recordar ese domingo? fue  uno de los más inolvidables de mi infancia. Recuerdo cruzar el río en un pequeño bote que parecía haber estado esperándome el tiempo necesario. Caminé exhausto por más de tres horas. Ese largo camino me conduciría a las siete montañas; detrás de ellas, debía estar (según las escrituras del mi borroso mapa) la casa azul.
Tuve que sortear una serie de contratiempos: los animales y las inclemencias del tiempo. Densa lluvia se propuso a la mitad de mi osadía y para peor, diversos animalitos no tuvieron la mejor idea que querer comerme como si fuera la “gran caperucita”.
Nada me impidió cruzar las montañas y detrás de un cúmulo de árboles, la pude ver: allí estaba y deseaba la colección de discos prometida en mi cartografía  y en su historia perdida.
Abrí la puerta, parecía una casa fuera del tiempo. Me acerqué hasta lo que aparentaba ser el comedor. Ahí estaba la discografía. La tomé y la guardé en mi mochila. Antes de irme, paré a comer unos sándwiches y cuatro panqueques viejos que estaban en la vieja heladera. Después de todo, el viaje de vuelta iba a ser largo.

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¿Con quién hablamos? el mito de la identidad en internet

Actualemente, crear un perfil en Facebook o en Twitter es tan fácil como enviar un SMS. Por la misma vorágine que plantea la red, no hay forma de validar los datos necesarios que revisten los formularios y que configuran nuestra “identidad” virtual. De ese modo, lo verosímil se impone ante lo verdadero.

¿Pero qué es la identidad?

Sin mayores controversias y llanamente, la identidad se concibe como la relación que toda entidad mantiene sólo consigo misma y que la “identifica” ante el resto. En la vida real, necesitamos validarnos fehacientemente con nuestro D.N.I (por ejemplo), para iniciar cualquier trámite; es éste el que lleva nuestra foto (distintiva) y la impresión dígito pulgar que nos hace únicos e irrepetibles ante los hombres y la ley. Sería un problema para los bancos o los registro civiles que los formularios revistan carácter de declaración jurada; nos casaríamos 20 veces sin necesidad de divorciarnos u obtendríamos obligaciones financieras de manera reiterada con los mismos prestamistas (o cuantos peinados y barbas podamos modelar).

¿Y qué es un mito?

Segun Barthes(1), es un habla, un sistema que reflexiona sobre otro: es un metalenguaje. Para entenderlo de un modo simple, valga este ejemplo. El mito del vestido blanco: digamos que en la tradición moderna (y en la cultura occidental) el color de los vestidos de boda es blanco. La popularidad de este color puede remontarse a 1840 año en que se produjo la unión de la reina Victoria a Alberto de Saxe-Coburg. La tradición de utilizar un traje blanco en la boda continúa hoy en día. Antes de la era victoriana, las novias se podían casar de cualquier color excepto negro (el color propio del luto) o el rojo (que estaba relacionado con las prostitutas). El vestido blanco vino a simbolizar la pureza del corazón, la inocencia de la niñez y posteriormente, la virginidad.

En los tiempos que corren, el color blanco en un vestido de bodas es un mito, es decir, ha perdido su significación original para generar una nueva en el imaginario social.  No creo que exista un cura, tercero, invitado, fotógrafo, que viendo llegar a la novia vestida de blanco/lila (cualesquiera) al altar, presuma virginidad/impureza por su tono.  Para ser mas claro y didáctico, a ese fenómeno, en que determinada entidad, realidad, objeto,  pierde su significado primitivo y, por cuestiones culturales, generacionales, etc, presenta otro, Barthes lo denomina “mito”.

Lo mismo ocurre con la “identidad” en las redes sociales. Nadie está obligado a dar sus datos verdaderos cuando se registra en Facebook, Twitter o en Badoo (por nombrar las más populares). Parece normal leer nombres como “Chuli la Shorra”, “Mentes despiertas” o “Marchu González” sin que esto llame la atención. Todos desconfiamos que Natalia sea Ana y Juan, Carlos. Por ello es que ya es un mito,  porque todos concebimos que la identidad es truncada sistemáticamente.

Colofón

Sostengo que las identidades se configuran como “personajes” en donde los narradores intentan lanzar a la fama su álter ego.
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1) Roland Barthes(Cherbourg, 1915 – París, 1980) Crítico, ensayista y semiólogo francés. Fue uno de los principales representantes de la nueva crítica o crítica estructuralista. Estudió en el liceo Louis-le-Grand, se licenció en la Sorbona, ejerció la actividad docente en el liceo de Biarritz, en el Liceo Voltaire y más tarde en el Collège de France. Trabajó como periodista literario en Combat, fundó la revista Théâtre Populaire y dirigió la Escuela Práctica de Altos Estudios. Influido por la obra de L. Bloomfield y F. de Saussure, a principios de los años setenta se propuso, junto a J. Kristeva, Ph. Sollers, J. Derrida y J. Lacan, fundar una nueva ciencia, la semiología, para estudiar la naturaleza, producción e interpretación de los signos sociales a través del análisis de textos.

No existe el príncipe azul

Hoy y aquí, una explicación (en una serie de ítems y razones) a este trillado mito mujeril. Traten (ustedes) de esta forma, de entender por qué este individuo, no es palpable.
1) Si aquí estuviera el príncipe azul, ustedes (que nunca conocieron un príncipe) pensarían que es una suerte de alimaña enferma.
2) No hay príncipes en el conurbano ya que, el último que recorrió esas zonas, volvió sin zapatillas y semidesnudo (víctima de la inseguridad)
3) Para estar con ese príncipe se debe llevar un reglamento muy similar al de la corte Británica (es muy estricto).
4) El príncipe es un gran lector y cuando las “futuras princesas” parafrasean VIAJES quieren decir entre línea “quiero viajar”, Givenchy, “comprame uno” y moda y belleza quiero “Dolce y Gabbana”; horrorizado al leer esto, suele conectarse como “invisible” (no lo pueden ver).
5) Para la mayoría de las postulantes, el príncipe está sometido a ciertos clichés. Léase: si es feo, no; si es lindo pero boludo, no; si es príncipe pero tiene panza, tampoco; si es príncipe con mucho trabajo, no, porque no tendrá tiempos para nosotras (ustedes); si está al pedo, es un vago; si es lindo, no porque seguro debe ser un gato; Si no tiene hijos, seguro es gay; si tiene hijos, tampoco (es para problemas); si es rubio es frío; si no es rubio es calentón.
6) Las señoritas de estudio (las altas ejecutivas o profesionales) que creen poseer un elevado nivel y coeficiente intelectual y que creían que éste (coeficiente) era el exponente de su viveza, se decepcionaron cuando a uno de ellos, se lo llevó la más pelotuda de todas, la zorreguieta.
7) El Príncipe (dicen las malas lenguas) huyó con la mucama porque era “más piola” (SIC) que la futura Princesa (se desconoce el paradero de ambos, extraoficialmente se dice que están viviendo en una pensión de Retiro y que se ganan la vida vendiendo “sifones coloreados” en plaza Dorrego)

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¿L06R45 L33R 3570?

3573 M3N54J3 35 94R4 D3M057R4R L45 C0545 74N INCR3I8L35 QU3 9U3D3 H4C3R NU357R0 C3R38R0. 5I L06R45 L33R 3570 9U3D35 53N7IR73 0R6ULL050 D3 7U IN73LI63NCI4, Y4 QU3 50L0 CI3R745 93R50N45 L0 L06R4N. 35T0 53 D383 4 QU3 3L H3M15F3R10 D3R3CH0 D3L C3R38R0 450C14 L05 51M80L05 94R3C1D05 4 L45 L3TR45 QU3 C0N0C3M05 N0RM4LM3NT3 Y 451 L06R4M05 L33R C0N F4C1L1D4D.

Para vos, viejo

Donde quiera que estés, donde quiera que sea, quiero que sepas que te amé, te amo y siempre te voy a amar; quiero que entiendas que, a pesar de mis enojos y mis malas caras, siempre tuviste la razón en todo lo que me decías. Te doy las gracias, en tu día, por enseñarme todo lo que sé. Quiero que entiendas que cuando te busco con la mirada perdida, ya no te encuentro (vos lo sabés) pero, sigo sintiendo que me estás empujando para que no me deje vencer; entendé que por tu honor y buen nombre, no voy a permitirme bajar los brazos (como nunca lo hiciste). Sigo en pie, extrañándote como siempre. Te ama, tu hijo.

Snif, Snif

Si alguna mujer hermosa viniere a pedirte justicia, quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gemidos, y considera despacio la sustancia de lo que pide, si no quieres que se anegue tu razón en su llanto y tu bondad en sus suspiros.

Reflexión poco ortodoxa

En diálogo alguien me dijo “las personas que pasan por tu vida, pasan y se van; son parte de la nada” yo (para complacer y evitar así un debate) le dije “puede ser”. Sin embargo, tengo para mi que de todas aquellas con las que transité un tramo de la vida que llevo, cargo vivencias, recuerdos, estilos, modos de pensar y he aprendido y crecido con cada una de ellas. Sostengo que es imposible desterrar lo que ha marcado nuestras vidas, llámese como se llame; sea lo que sea.

Es decir (¿paráfrasis?)

Volver a escribir. Por mi salud, por el amor propio, por sentir en el lenguaje mi paso firme, un “acá estoy” danzando en las imbricaciones constantes que se espejan siempre en “un otro” (¿mi alter ego?) que es la mismidad más íntima. Esa famosa otredad interior, ese término lacaniano de lo éxtimo, el lugar donde da en la tecla el psicoanálisis, y no hay otro, ni otro más interesante. ¡Pasan los años y vuelvo una y otra vez sobre los mismos temas!. En fin, volver para agarrar a la palabra por sus patas infinitas y hacer de esta vorágine de cotidianidad, un lugar con un momento seguro. Escribir para ser frente a un espectáculo natural, un atardecer en un horizonte visto desde un precipicio, la interpretación a solas de todos los signos, la traducción inútil del abismo irreductible que hay entre eso otro y yo.

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¿Qué estás pensando para Facebook?

No te apresures a decir que “la siesta fue placentera gracias al aire acondicionado de tu pieza”, que los “mates con churros en la playa -juegan- (léase son apropiados)” o, “linda el aguita de la pile”. Si Descartes entre uvas y aguas cálidas pudo decir “pienso, luego existo” -ostentando reflexión-, hoy, repasamos la semana. Le pedimos perdón a la providencia por los arrebatos consumistas, superficiales y egoístas de ser seres de esta era y sobre todo, muy importante, no nos olvidamos nunca de decir que sí, que ante la duda, un sí.

La esuela de antes era mejor…

Cansado de la boludez por la boludez misma (digamos por la génesis afirmativa) he decidido escribir esta nota. ¿Realmente (vos que estás leyendo) podes creer que la educación de antes era mejor? Si es así, no te engañes. La educacion de antes no puede ser mejor que la encontramos hoy a la vuelta de la esquina, por varias razones. En primer lugar, los contenidos han evolucionado notoriamente en las últimas décadas, es decir, las nuevas teorías (en función de los nuevos conocimientos) han revolucionado el campo de la ciencia. No voy a entrar en detalle sobre esto pero, aquel que no es lego y tiene conocimiento de su disciplina comprenderá lo dicho; en segundo, lo mismo que sucede con los contenidos, ocurrió con la didáctica aplicada. Hoy, los docentes cuentan con innumerables “nuevas” estrategias para “cerrar” la famosa tríada que incolucra al conocimiento-docente-alumno. Miles de libros se han escrito para favorecer las “buenas” prácticas docentes. Con sus aciertos y virtudes, los cerebros de la educación pública han organizado nuevas propuestas actualizadas para los nuevos tiempos, alumnos, conocimientos y estrategias. Sin embargo (aquí está el problema) LOS DOCENTES (en su 63 %) son AJENOS y REACIOS a lo nuevo, lo desconocen y no tienen ni el tiempo, ni las ganas (total el sueldo es el mismo) de reacondicionar sus ideas; a los ALUMNOS (en su 62,7 %) no les importa un carajo aprender, agobiados por la realidad (para reponer mayonesa en carrefour necesitás el secundario) comprenden que ese proceso no los lleva a nada práctico y que el grado universitario es algo muy lejano para solucionar los problemas que los ocupan en el hoy (comer, vestirse, joder, etc.); LA FAMILA no tiene el tiempo (por eso de correr por la guita) de sentar a sus hijos para controlarlos en sus tareas de adolescentes (en el mejor de los casos)

Entonces, ¡¡¡¡BASTA DE PAVADAS!!!!!, el problema no reside en la educacion (como aparato del estado) sino en los graves problemas sociales que la dificultan.

Ahora cuando alguien te diga “la escuela de antes era mejor” deciles: “No… porque …….”

Ayudame a matar la ignorancia, cuento con vos.

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Declaración de amor de un joven tímido e incluso formal

Tras no pocas cavilaciones en torno a un asunto que me mantiene en la más cruel e inquietante de las incertidumbres, llego a la conclusión de que desconozco si alberga los sentimientos que yo descubro por usted; sentimientos que he ocultado todo lo que he podido por temor a obligarla a un compromiso que, de ser aceptado, podría modificar radical y medularmente el curso de los acontecimientos que conforman lo que nos queda por vivir. Sin embargo, a raíz de esta intranquilidad, de esta ansiedad que per se, ipso facto y nolens volens me aleja del centro de la prudencia, de los límites de mi equilibrio cívico si no religioso, ya no puedo ocultarlos más. He de confesar que la amo, ardiente y devotamente, y, con la esperanza de no incomodarla, de no quebrantar el alegre sosiego que atempera y endulza sus días, me atrevo a enviarle estas respetuosas aunque fervorosas líneas para preguntarle si quiere ser mi esposa, pues no sé si mi lengua sería capaz de expresar adecuadamente el gran cariño, la perpetua admiración que siento por usted.
Creía haber amado antes, pero al conocerla mi corazón se purgó en la pureza de la verdad única, desembarazándose asimismo de las supersticiones y de los engaños de la tentación terrenal de la carne.
Con cada instante que pasa, aumenta diez veces mi capacidad para apreciar sus encantos y mi deseo de que se convierta en mi esposa. Por favor, respóndame con unas líneas si acepta o no mi deferente proposición. Si me acepta, iré enseguida y le expondré el asunto a sus dignos y nobles padres, a quienes espero poder llamar un día papá y mamá.
Debo advertirle que, en el lamentable caso de que usted no consienta en ser mi esposa, mi compañera incorpórea y sublime, mi fuente de regocijo y pudoroso goce, la acaso madre de una progenie dichosa e intachable, mi báculo en la vejez, el ídolo de mi constante e inagotable veneración, puede ocurrir que me desilusione a sobre manera; no quiero con esto, persuadirla (disuadirla si tiene una decisión tomada) pero, espero que los astros (no creo en ellos) “quizás usted sí”, estén de mi lado.

Suyo para siempre,
Teobaldo Máximo

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Escribir por escribir (pensando siempre)

Estoy conversando pero -fiel a mi naturaleza- pienso decenas de cosas; muchas referidas al contexto inmediato y, otras, que me han incomodado -me siguen incomodando- en el decurso del día o en el trayecto de algún estadío de mi vida. Entonces, mientras escribo: pienso, pienso y escribo -pero sigo pensando-. Entonces hago clik en esta pestaña (la del navegador) -dejo de lado otras aplicaciones- y digo esto que quiero decir; lo que me molesta. Hoy tuve que escuchar a un vieja que me hablaba de políticas de inclusión en la escuela pública; me queria convencer que “nuestra presidenta” venía ejerciendo diversas acciones para favorecer esto tan crucial y que “la secundaria obligatoria” era el exponente mas “palpable” de una educacion laica y próxima para todos -se le pegó el slogan-. Yo la escuchaba con mucho respeto mientras pitaba el cigarro (me fume dos en esa escucha) y pensaba “¿esta vieja dónde vive?”. Lo peor fue cuando, a punto de exponerle una algebráica y categórica argumentación al respecto, tuve que irme del lugar. Quedamos en un “otro día la seguimos”. Amigos, colegas, alumnos, vecinos, Sra. Presidenta, la escuela obligatoria en nuestro país es una mentira. Sigo conociendo pibes “ANALFABETOS”, sigo viendo decenas de pibes en la calle que no asisten a la escuela y sigue existiendo la ignorancia por la ignorancia misma -como permiso asociado al interés público-. La democracia que hoy nos reune y nos aleja del pasado, se ha transformado en un dominio político hegemónico “bien visto y mejor, mucho mejor que cualquier otro” que aplasta -sigue aplastando- a los sectores más vulnerables. Nadie garantiza que los pibes estén en la escuela y no fumando paco en una esquina. Nadie porque a nadie le importa. El estado no se permite gestar “verdaderas” políticas profundas. Decir que la “la secundaria obligatoria” es una política educativa “inclusiva” es creer que la desocupación ha llegado a topes mínimos históricos. Vaaaaaaaaamos, señores… yo no soy ni de derecha, ni de izquierda, ni de centro, pero estoy convencido que pelotudo, no soy. Ahora.. “publicar” y me tomo una birra. Salud!

Escribir por escribir (equívoco)

Huyó por Tucumán hasta Reconquista. Miró -asustado- hacia ambos extremos de la calle. Pensó que lo había perdido de vista. Sacó del bolsillo interno de su chaqueta un parliament -siempre tenía cigarillos sueltos en algún lado y el paquete en otro (de ese modo evitaba compartir)-, lo prendió y ganó el bajo. Caminó distraido pensando quién mierda era ese fulano. Como destellos sangrantes recordaba “veni…..veni… no te vayas… no corras…”, miró la soledad de su sombra y se sintió seguro. A pocas cuadras lo esperaba, lo esperable -como suele pasarle a este tipo de sujetos-.
– por qué corriste -le preguntó-

Crónica de una idea

Estaba equivocado (seguramente) cuando escribía esto. Ahora que lo recordé, no sé bien si escribir sobre la seguidilla de sucesos –imaginario, presumo- que me hizo desembocar en un pensamiento casi diría contradictorio a aquél de hace algún tiempo atrás, o si escribir sobre lo que pensaba escribir se trataba de un error que cometemos todos: no detenernos. Mejor, les voy a explicar el curso que tomaron las ideas y que continúa aquí; que al final no termino hablando ni de una cosa ni de la otra, sino más bien de todo eso mezcladito más el plus de no saber a dónde va a este texto. En fin… el camino de las ideas:

Ya no recuerdo por qué lo hice, pero pensé…

Mientras pensaba eso tenía en la pantalla la página de Google Image y se me da por buscar la palabra “coincidencia”. Una cosa lleva a la otra, vieron cómo es esto de la internete y de golpe me encuentro leyendo una anécdota de Francis Bacon. Cuando termino de leerla, se me ocurre esta idea:

Es un error que cometemos todos: no detenernos

Pensé en escribir sobre la anécdota y desarrollarla un poco más ¿qué mierda quiso decir con “no detenernos”?. No detenernos suena a algo bueno, a estar en marcha, con una meta aunque más no sea la dignada por un gran azar y yo estoy diciendo que es un error y un error no puede ser algo bueno. No, no es algo bueno. Pero detenerse, con el sentido a esa acción que yo le estoy dando, sí es bueno y eso es lo que quiero decir ¿pero cómo explico todo esto en pocas palabras? Quiero que sea una sola frase, que explique, sí, pero que no se exceda en paparruchada y cuando tenga eso listo, pegar debajo la anécdota de Bacon, y no decir nada más; a buen entendedor, pocas palabras, dicen… dicen, la gente siempre dice cosas y uno es gente después de todo ¿vio?

*La RAE me otorgó un freepass para putear a todo aquél que se considere idiota, zopenco.

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Ups!

Se me acercó y me dijo “Hola”, pero como olía a fritanga, le dije “Hola y chau” (ese saludo típico de encontrarnos y despedirnos al instante). Después de todo, una mujer no puede oler a milanesa. Ni que fuese la vieja……Te quiero Ma

El discurso de la presidenta (la mentira como vínculo)

“Si una cosa no puede usarse para mentir, en ese caso tampoco puede usarse para decir la verdad: en realidad no puede usarse para decir nada…”
Umberto Eco

Ya estoy harto de escuchar hablar de los “buenos” discursos de la presidenta y que nadie diga a “ciencia cierta” el motivo de tamaño calificativo. Es hora que me ocupe del asunto y que todos aquellos que recorren mi Facebook y mi blog tengan un acceso “limpio” a sus dichos.

Soy un gran lector y un entusiasta investigador clase “b”; apasionado de la lingüística general y creo tener la autoridad “teórica” para poder observar y reflexionar sobre lo que quiera y aclaro que los libros no me han dado la jurisdicción para juzgar a un fulano/a (claro está) pero me cargo con el atrevimiento y la insolencia de un crítico.

Lo cierto es que todo discurso es un “texto” contextualizado. Es decir, está puesto en correlación directa e inmediata con el auditorio (ustedes lectores) y la “esfera” (en palabras del estructuralismo francés) que refiere a la situación comunicativa en donde se pronuncia. Digamos que el éxito de un discurso pende de estar muy atento a estas cuestiones. Para ser mas claro, veamos un ejemplo:

Un político que conoce mis habilidades para gestar este tipo discursos, me encomienda la confección de uno que será leído en un acto que se llevará a cabo en el corazón de Dock Sud, a raíz de los problemas de inseguridad que viven nuestros vecinos. Ahora bien, ustedes se imaginan qué pasaría si al comienzo del discurso el funcionario pronunciara esto “Vengo aquí porque sé lo que vienen sufriendo ustedes por los problemas que acarrea la inseguridad. Estoy convencido que esto tiene un trasfondo político y creo fervientemente que hay que darle una pala y una escoba a cada piquetero, a cada madre que recibe una asignación familiar, hay que controlar las “famosas cooperativas” porque todos sabemos que son focos de clientelismo político y que pocos trabajan en ellas”
Entendámoslo así: “escribir (y más en política) consiste en decir lo correcto aunque ello vaya en contra de nuestra ideología o de la propia verdad”

La totalidad de los discursos de la presidenta de la Nación, Dra. Cristina Fernández, ponen en relieve las virtudes (o, mejor, los talentos) y todos sus defectos, pero, para leer “inter/entre/sobre” líneas esto y no dejarse engañar, necesitamos de ciertos conocimientos que, hoy, los sirvo a vuestra disposición, queridos amigos.

En primer lugar, en esa suerte de cruzada “igualitaria”, dirigirse a “todos y a todas”, más allá de posiciones ideológicas, es incorrecto.

Las mujeres estuvieron durante mucho tiempo, fuera de la “mesa chica”. A través de su gestión, se han intensificado las oportunidades en virtud de las “aptitudes” en detrimento del sexo de los postulantes. Esto es muy bueno; el engaño y el error reside en acentuar las diferencias que ella misma intenta eliminar en pos de su populismo criollo.

Por otro lado, seguir insistiendo en que se ha redistribuido la riqueza y se ha logrado una revolución en materia de inclusión social es, para ser benignos, una verdadera ingenuidad. La Argentina es mucho más (o mucho menos, quizás), de lo que nos revela el INDEC. Lo que se ha distribuido de manera equitativa en este país es la pobreza estructural y la inseguridad; el factor mas claro observar esto es que la brecha social tiene un saldo negativo en los últimos años.

La mayoría sabemos que lo que nos cuenta el INDEC es justamente un cuento. Muchos estamos al tanto que el índice de desocupación ha disminuido, pero, no porque exista trabajo real, al contrario, se debe a que se han “masificado” los planes sociales y los que antes no tenían laburo, ahora tampoco lo tienen, pero “dejan de contar” como desocupados gracias a este beneficio. Un dato clave para entender esto es que las empresas vienen sumando exigencias para sus aspirantes. Antes el título secundario era suficiente para conseguir un trabajo. Hoy, para reponer mayonesa en un hipermercado se necesita ese título solo para permanecer en la cola, pero para conseguirlo, se debe ostentar inglés, manejo de Windows y el paquete office (excluyentes ambos) y como son tantos los que asisten a las entrevistas, seguro que el éxito dependa de ser estudiante universitario/terciario. Lo cierto es que el fracaso del nivel secundario es un hecho y las universidades cuentan con menos egresados cada año.

Hay muchas cosas aún para desmarañar, sin embargo, esta es la primer entrega. Nos vemos en la próxima.

PD: No crean todo lo que lean y escuchen.

Escribir por escribir (la primera de las entregas)

Me propuse escribir algo distinto en solo cinco minutos. Sin borradores y sin reparar la escritura (Cassany que siga compilando pelotudeces). No me importa más nada que, seguir la linealidad sintagmática del enunciado que esgrimo en este acto y, la “esperable” lógica que traiga consigo. Tengo calor –hace calor- y me pregunto ¿qué tendrá que ver esa idea con lo que trato de hacer?; me reprocho por traer ese pensamiento a mis dedos, sin embargo, debo continuar. Llegué a la conclusión –en milésimas de segundos- que es el calor el que me fastidia y me entorpece (ya van 2 minutos y 37 segundos). Al fin de cuentas, en la facultad podía tomar apuntes ligerísimos en condiciones más inhumanas (de ahí mi horrible letra). Nunca me preocupé por la caligrafía hasta que “esos” ¿qué dice ahí profe? dieron cuenta que era menester tomar una medida drástica, “dejar de escribir en el pizarrón”. Y así fue, comencé a usarlo solo para ejemplificar, graficar y despejar dudas. Desde entonces, no escucho más reclamos. Acaso pensaban que ¿iba a borrar y escribir de nuevo?… ¡NO! Suficiente lo que escribo como estudiante crónico. Faltan 15 segundos, pero los aprovecho para ir a buscar algo fresco. Salud!

“Cinegética” – Haroldo Conti

Apartó la chapa con cuidado y metió la cabeza a través de la abertura.
Al principio vio solamente la claridad mugrienta de la ventana que flotaba a una distancia imprecisa pero después de un rato comenzaron a brillar los agujeritos de las chapas. Había un millón por lo menos y parecían llenos de vida. No tenía por qué compararlo con nada, pero en todo caso sentía la misma impresión que si metiera la cabeza en medio de la noche. Cuando era chico se paraba a veces en el baldío lleno de sombras, de espaldas a la casilla, y miraba todo el montón de estrellas que tenía por encima hasta que empezaban a saltar de un lado a otro del cielo y le entraba miedo.
Los agujeritos temblaban o cambiaban de posición a cada movimiento de su cabeza. Entretanto, el olor a humedad y a orina se le iba metiendo hasta los sesos.
Sacó la cabeza y tragó aire.
El auto había quedado detrás de la última joroba de tierra. Era una tierra de color de cartón, dura y pelada. Entre el auto y el galpón, es decir, entre el galpón y la calle había una punta de aquellas jorobas que brotaban en medio de las latas vacías, las cubiertas podridas y los recortes de hojalata de la fábrica de menaje que emergía a la izquierda. A la derecha estaba el pozo que habían abierto durante la guerra para sacar la greda con la que hacían los caños de desagüe en lugar de cemento. Tenía las paredes cubiertas de yuyos y el fondo de agua y en verano se llenaba de pibes que corrían de un lado a otro con el culito al aire.
A veces se sentaba en una de las jorobas y mientras fumaba un cigarrillo echaba un vistazo a todo aquello. En otra forma, se entiende, como si estuviera al principio de las cosas. Entonces el tiempo se volvía lento y perezoso y le parecía oír a la vieja que lo llamaba a los gritos mientras él estaba echado en el fondo del pozo con el barro seco sobre la piel chupando un pucho, tres pitadas por vez, con el Beto y el Gordo y el Andresito, al que lo reventó un 403 cuando cruzaba la calle precisamente por hacerle caso a la vieja.
Maldonado le hizo una seña desde el coche y él movió la cabeza con fastidio. Después la volvió a meter por el boquete y llamó por lo bajo, apuntando la voz hacia el rincón de la izquierda.
—¡Pichón!
La voz se alargó en el galpón y se perdió un poco por encima de su cabeza.
—Pichón, ¿estás ahí? Soy yo, Rivera.
Esperó un rato y aunque sólo alcanzaba a oír los crujidos y reventones de las chapas sintió que el tipo estaba ahí.
Entonces apartó la chapa del todo y pasó el resto del cuerpo.
Avanzó a tientas hasta el medio del galpón con los agujeritos que subían y bajaban a cada paso suyo. La luz de la ventana, en cambio, seguía inmóvil y si uno la miraba con demasiada fijeza parecía nada más que un brillo en el aire.
Dio una vuelta sobre sí mismo en la oscuridad y los agujeritos giraron todos a un mismo tiempo. El olor lo cubría de pies a cabeza y el rumor de las chapas semejaba el de un fuego invisible o el de un gran mecanismo que rodaba lenta y delica¬damente.
El tipo estaba en algún rincón de aquella oscuridad. Podía sentirlo. Sentía la forma agazapada de su cuerpo y el olor ácido de su miedo. Tenía un olfato especial para esas cosas.
—Pichón… soy yo, Rivera. No tengas miedo.
Maldonado no servía para eso. Todos los malditos ascen¬sos no servían para nada. Se ponía nervioso y echaba a perder las cosas. Maldonado también tenía un olor especial en estos casos. Le comenzaba a temblar la nariz, se ponía duro y enton¬ces olía de esa forma.
Dejó de pensar en Maldonado porque su cara de negro colgada del aire le hacía perder la noción de las cosas. Dio otra vuelta sobre sí mismo y en mitad de la vuelta supo exactamente dónde estaba el tipo.
Se acercó unos pasos sin forzar la vista, dejándose llevar nada más que por la piel.
Ahora lo tenía justo delante.
Sacó la cajita de fósforos y la sacudió. Entonces oyó la voz de Pichón que venía desde abajo.
—¡No prendas, por favor!
—No tengas miedo. No hay nadie.
Encendió un fósforo. Los agujeritos desaparecieron de golpe.
Cuando reventó el chispazo alcanzó a ver las chapas de la pared. Después el círculo amarillento se redujo.
El tipo estaba recostado contra un cajón de embalar con el pelo revuelto y la cara desencajada. Apuntaba el fósforo con la Browning 9 mm con cachas de nogal francés segriñadas. Maldonado le iba a poner los ojos encima. Era un negro codicioso y en eso justamente mostraba su alma de grasa.
El fósforo boqueó, pero antes de tirarlo levantó un pedazo de vela y alcanzó a encenderlo.
—¿Cómo estás?
—¿Qué te parece?
Sacó de debajo de la campera un pañuelo empapado en sangre. El sudor le brotaba a chorros como si tuviera fiebre.
Bajó la Browning, cerró los ojos y pareció a punto de desmayar¬se.
—No van a tardar —dijo casi en un sollozo.
—No te apures.
Pichón abrió los ojos y trató de mirarlo a través del resplandor de la vela. Las pupilas se le hincharon silenciosa¬mente y un vórtice de estrías amarillas apuntaron hacia él. Tenía la cabeza metida en el miedo de manera que necesitaba hacer un verdadero esfuerzo para ver otra cosa. Apretó la frente y se quedó pensando en algo.
Él conocía todo eso. Había tenido oportunidad de obser¬varlos una punta de veces, sin pasión y con calma, que es como se aprende. Primero el miedo que les hincha las venas y les corta el aire. Después la desesperación. Por último un frío abandono. Entonces no hay más que tomarlos de los pelos y descargar el golpe.
—¿Cómo estás aquí? —preguntó al fin, sin cambiar de expresión.
—Salté del camión y corrí todo lo que pude.
El rostro se le animó un poco.
—¿Se salvó algún otro?
—Vera. Escapó, por lo menos.
Efectivamente, Vera había saltado detrás de él pero corrió unos pasos y lo reventaron.
Cerró los ojos y volvió a desinflarse.
—¿Te das cuenta que estamos listos? —gimoteó por lo bajo.
—No te apures. ¿Te duele?
—Claro que sí.
—Déjame ver.
—¿De qué sirve?
Sacó el pañuelo y lo miró estúpidamente, sin comprender.
—Parecía otra cosa… ¿Qué fue lo que pasó?
—Algún tira —dijo él con naturalidad.
—¿Quién se te ocurre?
—No sé, pero hay que contar con eso.
Al tipo no le entraba. Quería pensar pero no le entraba.
Crujió una chapa y se encogió entero.
Él no dijo nada, adrede. Se lo quedó mirando.
Casi daba lástima. Casi le había tomado aprecio o por lo menos se había acostumbrado a él en todos esos meses que estuvieron preparando el golpe. Maldonado o cualquiera de los otros negros no tenía nada que hacer al lado del tipo.
Pero ése era el peligro, encariñarse con los tipos. Por dentro eran distin¬tos. No era la apariencia lo que contaba sino las ideas podridas que tenían. En ningún momento había que perder de vista la figura interior, por así decir, esa especie de forma oscura y escamosa que ocultaban debajo de la piel. Maldonado con todo lo hijo de puta que resultaba cuando se lo proponía, y a veces aunque no se lo propusiera, era de su misma madera. Tenía esa forma aceitosa de hablar y todos esos prolijos ademanes de negro encumbrado, pero en el fondo funcionaba igual que él. Sucedía lo mismo que con el Gordo o el Andresito que cuando pensaban demasiado fuerte en una cosa se les torcían los ojos. Pero eran de la misma madera.
—Son las chapas —alargó la mano y lo palmeó—. Las chapas, no te asustes.
El contacto de la mano pareció devolverle la vida.
—Rivera… ¿te parece que podemos salir de ésta?
—Claro que sí.
—¿Estás seguro?
Iba a desarmarse otra vez pero volvió a tocarlo con la mano.
—¿Querés fumar?
Le pasó un cigarrillo que agarró con avidez y casi rompe entre los dedos.
—Vamos a salir, por supuesto —dijo arrimándole la vela, nada más que por decir.
—No se puede con ellos.
—Es grupo.
—Una vez que te marcan no se puede.
Había un boquetito más grande que los otros justo sobre su cabeza. Se movió apenas dos dedos y desapareció.
—Termino el cigarrillo y me voy.
Pichón volvió a encogerse. Abrió muy grandes los ojos y tragó saliva.
—¿No es mejor que te quedes?
El cigarrillo colgaba delante de su cara sostenido por una mano blanca y afilada que temblaba ligeramente.
—Tengo que moverme si quiero sacarte de aquí.
Se corrió y reapareció el boquetito.
—No te pongas nervioso, no se gana nada.
Maldonado se estaría preguntando qué pasaba ahí adentro. Era un grasa, no hay caso. No tenía estilo.
—Apago la vela.
Alargó la mano y antes de apagarla lo miró fijamente. Estaba a punto.
Apagó.
Terminó el cigarrillo en la oscuridad.
—¿Estás mejor?
—Sí…
Era curioso ver cómo la brasa se hinchaba a cada chupada y después empalidecía suavemente. Igual que las pupilas de Pichón.
Aplastó el cigarrillo contra la tierra y se alejó unos pasos.
—Pichón…
—No tardes.
Caminó hacia la abertura entre el bailoteo de los agujeritos. Antes de salir se volvió y miró hacia la oscuridad. Allí debía estar con los ojos bien abiertos y la Browning apre¬tada a la altura del pecho.
Se agachó y salió.
La luz lo encegueció por un momento. Luego aparecieron las jorobas de tierra, las latas y las cubiertas.
Los negros esperaban al lado del coche revolviéndose dentro de los uniformes. El sudor les brotaba a chorros por debajo de la gorra. Maldonado agitó un brazo con impaciencia.
Pasó junto al pozo y volvió a acordarse del Gordo y del Andresito y hasta le pareció que los veía echados en el fondo con la panza al sol.
La porra de Maldonado brillaba como si fuera de lata. Después de todo resultaba un tipo gracioso.
—¿Por qué tardaste?
Le temblaba la nariz y había comenzado a echar aquel olor.
—¿Qué apuro hay?
Maldonado estiró el pescuezo y se acomodó la corbata, cosa bien de grasa.
—Bueno, ¿qué pasa?
—Está ahí adentro.
Maldonado hizo sonar los dedos y los negros echaron a andar hacia el galpón. Luego con un movimiento rápido calzó la primera bala en la recámara y los siguió a los saltitos.

¿qué te pasa internet?

Siempre escribo textos de divulgación científica y, por lo general, no suelen tener un “feedback”; mas bien se plantea una relación dialéctica de desequilibrio dinámico: el que escribe “suele saber” y el que lee “pretende saber” y ahí termina, aunque me he cruzado con varios estudiantes que me han dicho “profesor, cuando en el texto AEIOU dice que la denotación no existe… qué piensa del principio de objetividad”.
Lejos de tales discursos, hoy quiero reflexionar con ustedes y no como un teórico sino, como un espectador de este teatro del absurdo(esta frase no es mía) en el que se ha convertido “Internet”.
Me encanta la Semiótica y como buen investigador me gusta examinar las recurrencias isotópicas que simbolizan este mundo virtual “el mundo paralelo”.
Sabrán que las redes sociales están interconectadas “globalizadas diría yo” y desde el facebook, existen múltiples enlaces que te dicen “Angelina ha respondido algo sobre ti” y te lleva a Badoo, o a Sónico, y así (infinitamente). Resulta que podemos estar haciendo Home Banking con el celular (si tenemos Android) y descolgar otra ventanita para ver las “noticias” del caralibro, sin descuidar que podríamos decirle a la vieja, a su mujer o su amante (simultáneamente) que eche los fideos porque ya vino el bondi, ya subió a la autopista y que su arribo es inminente quizás, apurado ya que se enteró en “Internet” (en otra ventanita) que el Real juega a las 15:00 contra el Barza.
Bueno, en ese ir y venir he llegado a conocer el horror; pude observar que la “gente” se exhibe y vende como objetos, leí una presentación que decía así:
“Uhhhhhhhhhhhh! Qué difícil es describirse a uno mismo. Me gusta la sinceridad ante todo y detesto las mentiras. Mujeriegos abstenerse ¿si? Me considero una soñadora y me encanta hacer amigos nuevos. Los espero. Besis”
Todo esto escrito con horrores de ortografía (después de todo lo importante es comunicarse, no?) y acompañada (la descripción) con 52 fotos de alto volumen erótico.
Ahora analicemos el discurso de esta joven de 29 años (esa edad tiene; será?)
1. No me vengan con cuentos chinos: esta mujer aunque no le cobre monto alguno al que “enganche” se está vendiendo como un objeto. Del mismo modo que uno revisa un clasificado en busca de un auto y lee “excelente mecánica, bien de motor y pintura. G.N.C grande y V.T.V al día”. Esta mujer da sus características a la espera que “el comprador” coincida con lo que anda buscando y cierre la transacción. Así sea tomar un café (el único) e intimar ocasionalmente sin que el dinero sea parte del intercambio.
2. Aunque sea un mero engaño o un “anzuelo”, ¿no suena disparatado decir “mujeriegos abstenerse, ¿si?”? Permítanme esbozar una carcajada (Ja Ja!). Detengámonos en este punto que me resulta interesante. Si bien hoy Internet es usado para miles de cosas, esta mujer ¿puede llegar a pensar que quienes visiten su perfil no sean mujeriegos? Realmente un hombre sincero (pude haberlos en un 3%) puede consultar este tipo de guías para encontrar a la mujer de su vida?
¿Existe la posibilidad que un hombre llegué a pensar “Es hora que busque a la mujer que necesito” y aplique este filtro de búsqueda (por decir algo) : “entre 23 – 40 años, sin hijos, estudiante o graduada, poco histérica, trabajadora, que sepa lavar, planchar y cocinar canelones, que sea muy higiénica y le encante la vida hogareña”? Por favor, es una fantochada!
3. La pregunta: esta mujer ¿sabe esto pero juega porque le gusta el sexo ocasional? o ¿realmente piensa encontrar a su príncipe? No sería mas acertado llegar a la conclusión que el que crea este tipo de perfiles lo hace como una herramienta de conquista desechable? No me voy a poner a filosofar pero, me parece inadmisible pensar que un hombre o una mujer conciba “Si, es hora que encuentre a mi media naranja; ¡voy a crear un perfil en Badoo! ” Señoras y señores, por favor!
Sinceramente, me gustaría que ustedes reflexionen conmigo y dejen sus comentarios; quiero que me expliquen o me ayuden a comprender el asunto.
A mí me parece patético que las personas se exhiban como mercancías y que “uno” pueda aplicar “un criterio de búsqueda” para encontrar una persona y así entablar una relación formal porque sino sería con ese fin (el menos horroroso) estaríamos frente a la prostitución “de la nueva era”.
Hay decenas de ideas que se desprenden, sin embargo, quiero quedarme con que Internet (con este tipo herramientas) se ha convertido en un portal bizarro donde algunas personas hacen visibles sus mas oscuras y deprimentes debilidades de un modo impersonal y narciso.

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